Cómo evitar procrastinar

Procrastinar es una palabra fea. A mí al menos no me gusta nada, y menos aún si tenemos en cuenta el significado que tiene.

Procrastinar significa postergar conscientemente cualquier tarea que tengas que hacer, poniéndote a ti mismo cualquier excusa para no hacerla, y con la firme intención de ejecutarla más tarde.

Lo curioso es que la firme intención de hacerlo sí que la tienes, porque además suelen ser cosas que “tienes” que hacer. Sin embargo, las excusas para aplazarlo suelen ser mucho más poderosas que la tarea en sí.

Y no, no es algo que te pase a ti solo. Nos pasa a todo el mundo. A mí por ejemplo me está costando horrores planificar los objetivos del próximo año. Que los tengo muy claros y definidos, pero siempre encuentro una razón para no pararme a planificarlos. Y lo peor es que se está acabando el año…

Así que he pensado que lo mismo tú también estás en esta situación ahora mismo y estás procrastinando como un profesional para no hacer eso que tengas que hacer.

 

Por qué procrastinamos

Bueno, motivos para procrastinar hay muchos, pero los que yo considero que son los más habituales, o al menos más potentes, son los siguientes:

La tarea que tienes que hacer no te gusta nada.

De estas hay muchas, y no hay que irse muy lejos para encontrar una. Basta con pensar en el dentista o en la elaboración de un dossier de resultados.

La solución a esta situación es relativamente simple:

  • Si te lo puedes permitir, delégala. Aunque por ejemplo, la opción del dentista no sería posible.
  • Puedes hacer una lista de motivos o ventajas por los que tienes que hacerlo. Pues es posible que se haya olvidado cuáles son.
  • Lo más fácil en cualquier caso, suele ser hacerlo lo antes posible. Márcate la tarea para hacerla a primera hora de la mañana y quítatela de encima cuanto antes.

La tarea es gigante

Puede que la tarea sea de las muy grandes, o también es posible que más que una tarea sea un proyecto mal redactado. En cualquier caso, es cierto que las tareas de larga duración suele dar mucha pereza atacarlas.

Para solucionarlo, lo más fácil es dividir la tarea en trozos. Es decir, si te va a llevar 4 horas hacerla, divídela en 4 partes y haz una parte cada vez. Así impacta menos y hacerla no duele tanto.

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Te da miedo hacerlo mal

Hasta los más valientes pasan miedo alguna vez. Y es verdad que hay tareas que, ya sea porque no dominamos el modo de hacerla, o porque del resultado dependen cosas más importantes, la cuestión es que imponen mucho y nos parece más fácil dejarlas para más adelante, para de algún modo esperar a que nos llegue la valentía como por arte de magia.

La solución, más que fácil es simple: HAZLO

Tienes demasiadas tareas pendientes

Cuando tus listas de tareas son enormes, procrastinar suele ser más una cuestión generalizada y no debido a una tarea en concreto. Y es que agobia ver esas largas listas de cosas por hacer. Sobre todo cuando no tienes muy claro qué hacer primero y qué hacer después. Así que lo que hacemos es emborracharnos de redes sociales, a ver si cuando volvamos a nuestras listas las vemos más pequeñas.

Para solucionar esta situación lo primero de todo es dejar de decir a todo que sí. Que no eres un superhombre. Y ya ves que hacerlo, lo único a lo que te lleva no solo es a procrastinar, sino que seguramente también te hace quedar mal con más de uno.

Y otra solución es organizar correctamente tus listas de tareas y añadir contextos a las acciones pendientes, pues así te será más fácil filtrar y ver las listas más concretas según las circunstancias que tengas en ese momento.

 

Conclusiones

El problema más serio de procrastinar, es que te genera estrés debido a la sensación de fracaso que te produce no hacer lo que tienes que hacer, rompiendo tu planificación y haciéndote desorganizado.

Y eso sólo significa que el simple hecho de que anotes en listas todo aquello que tienes o quieres hacer, no basta para ir organizado por la vida. Es más una cuestión de tener muy claro a dónde quieres llegar, tener unos objetivos muy bien definidos y que te motiven a moverte.

Aunque tampoco se va a acabar el mundo si de tanto en tanto procrastinas. Pero eso sí, si lo haces que sea totalmente consciente por tu parte y seas tú mismo y no el gamberro de tu cerebro el que lo decida.

 

Y hasta aquí la entrada de hoy. Si consideras que la información e ideas que te aporto podrían ayudar a más personas, échame una mano y compártela en tus redes sociales.

Y por otro lado, también te invito a que me dejes un comentario y me cuentes si procrastinas y por qué crees que lo haces.

 

Hasta la próxima.

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