Querer o tener que hacer, cuestión de objetivos

Casi me siento ridículo al plasmar la siguiente afirmación, pero es que muchas veces se nos olvida: “Para lograr las cosas, tienes que hacer algo”

Lo que pasa, es que no siempre quieres hacer lo que tienes que hacer para lograrlo. Porque estarás conmigo en que no es lo mismo querer hacer que tener que hacer.

Todo es cuestión de objetivos

La verdad es que cuando quieres hacer las cosas, todo es mucho más fácil y llevadero. El estado de ánimo es positivo y te sientes mucho más imaginativo y proactivo.

Cuando quieres hacer, levantarte por las mañanas es menos doloroso, y tu actitud es positiva y orientada al logro.

Sin embargo, cuando tienes que hacer las cosas, la sensación es más de presión, y no es tan agradable (aunque tampoco tiene por qué ser desagradable).

Lo habitual es que cuando quieres hacer las cosas es porque tú decides que vas a hacerlo, normalmente porque la recompensa te va a merecer la pena.

En cambio, cuanto tienes que hacer, lo normal es que sea por obligación, ya sea porque tú mismo te obligas, o porque hay un ente externo a ti que te está obligando. Y los resultados, más que una recompensa suelen ser una necesidad. Como por ejemplo, cuando tienes que cumplir con un horario de trabajo para percibir una nómina a final de mes con la que poder pagar la hipoteca.

Por lo tanto, el placer o el agobio que te produzca hacer lo que haya que hacer, va a venir supeditado a los objetivos que tú mismo tengas y la recompensa final que logres con ello.

 

Te voy a poner un ejemplo un tanto tonto, pero con el que lo entenderás perfectamente.

Imagínate que a 30 km de donde tú estás, se encuentra la persona de la que estás enamorado, y sabes que si vas hoy, te va a dar tu primer beso. Pero tú no tienes vehículo, ni tampoco existe transporte posible, por lo que la única opción que te queda es ir caminando hasta allí donde esté.

Así que, por mucha pereza que te pudiese dar caminar esa distancia, al final lo harías ágil y con muchísimo gusto, porque sabes que la recompensa que te espera seguramente va a merecer la pena.

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E incluso la vuelta no te sería tan dura, porque estarías regresando de un éxito y tu actitud sería la de un vencedor que ha conseguido lo que quería.

Ahora imagina que a la misma distancia, está la bolsa que contiene tu comida para hoy, y aunque todos sabemos que alimentarse es importantísimo, lo cierto es que si no comes un día, tampoco te va a pasar nada. Así que la recompensa no es lo suficientemente buena como para el esfuerzo que requiere obtenerla.

Pero si por cualquier motivo tu hambre fuera feroz y decidieses ir a buscar la bolsa, seguramente irías todo el camino de ida refunfuñando, y ya no te cuento el camino de vuelta.

Y es que, aunque necesites la comida para sobrevivir, como sabes que no te vas a morir si no comes, optas por quedarte quieto. Sin comer, pero sin cansarte.

Esto nos lleva a pensar que, las recompensas siempre van a ir en función de las circunstancias que tengas en cada momento. Si no, vuelve a plantearte la opción de recibir un beso de la persona amada, solo que este ya no sería el primero ni el segundo..¿a que ya no merecería tanto la pena el esfuerzo?

Y del mismo modo, si llevases 5 días sin comer, la caminata sería igual de dura, pero lo parecería menos.

Cómo querer hacer lo que tienes que hacer

Entonces, ¿cómo podríamos querer hacer lo que tengamos que hacer?

Pues es simple, aunque no es fácil. Y consiste en convertir las recompensas a obtener en suficientemente motivantes como para moverte hacia ellas. Y crearte los objetivos de forma muy clara para que entiendas que merecerá la pena.

No sé, quizá podrías verlo desde el punto de que gracias a realizar ese trabajo menos apetecible, lo que vas a conseguir a cambio será una experiencia que te servirá, como mínimo para algo.

Definitivamente, son las recompensas, y no los objetivos, los que harán que te muevas y conviertas cualquier esfuerzo que tengas que hacer (levantarte más temprano, estudiar en lugar de irte de copas, etc.) en querer hacer.

Conclusiones

La conclusión es bien simple, y es que si trabajas porque quieres trabajar, los resultados suelen ser mucho mejores y normalmente más rápidos.

Por lo tanto, encuentra el modo de querer hacer lo que tengas que hacer y así te irá mucho mejor en la vida. O como mínimo, si tuviese que doler, dolería menos.

Y hasta aquí la entrada de hoy.

Te invito a que me dejes un comentario y me cuentes cómo percibes tú esta reflexión que he hecho y si tienes un sistema que te ayude a lograr las cosas con menor esfuerzo, lo digas.

Hasta la próxima.

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