Dejar para mañana lo que puedes hacer hoy es tan común entre los empresarios, como ocasionalmente peligroso.

Y por regla general no es cuestión de pereza, de enfermedad, o de que de repente hayas perdido tu habilidad para gestionar tareas.

Qué va!

Quizá sea porque te estás sometiendo a un ritmo demasiado elevado.

O lo que es más probable, que estés pecando de procrastinar.

Que por si no lo sabes, esa palabreja tan rara que tanto escuchamos últimamente, significa postergar conscientemente cualquier tarea que tengas por hacer, poniéndote a ti mismo cualquier excusa -habitualmente de poco peso-, aunque con la firme intención de ejecutarla más tarde.

La cuestión es que por culpa de esto, tu productividad se puede llegar a ver muy mermada.


Pero es que hay tantas distracciones a nuestro alrededor (internet, redes sociales, el teléfono que no para de sonar…) que a veces es muy difícil encontrar la inspiración necesaria para acabar con los pendientes del día.

Aunque no te preocupes, porque como para casi todo, para esto también se han inventado técnicas que te pueden ayudar.

Y una de ellas, y quizá una de las más potentes, es la regla de los 2 minutos.

Que consiste básicamente en que si se te pone por delante una tarea que puedes hacer en menos de 2 minutos, la hagas en ese momento, aunque no sea algo urgente o prioritario.

¿Fácil, no?

Quien dice 2 minutos, dice 3 o 5. Porque no es una cuestión de que debas hacerlo en segundos, sino de que te quites de enmedio esas cosas que hacerlas apenas te supone tiempo y esfuerzo, en lugar de dejarlas para después.

Porque dejarlas para después sólo sirve para engordar la lista de tareas, y verla cada vez más grande no te ayuda nada de nada.


Seguir esta regla te hace sentir bien contigo mismo simplemente por estar avanzando.

Porque aunque quizá no te lleven hacia tus objetivos, te las estás quitando de delante y eso motiva bastante.

Además, hace que el efecto «bola de nieve» no termine aplastándote. Ya que, si dejas algo para después, siempre acaba volviéndose más difícil.

Quizá no en lo que conlleva su ejecución, pero sí en iniciarla.

Pero cuidado, porque el tiempo vuela, y si no estás atento, quizá eso que pensabas que te iba a llevar un par de minutos, te acaba llevando media hora o más.


Así que, si aún no lo estabas aplicando, empieza desde ya a aplicar esta técnica, porque aunque te parezca una tontería, es mucho más potente de lo que te crees.



Disfruta del día!

Rafa Valero

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