Por qué y cómo implantar el teletrabajo en tu empresa

Por que y como implantar el teletrabajo en tu empresa

A veces, las circunstancias nos ponen delante situaciones que son difíciles de afrontar. Y no cabe ninguna duda de  que la que estamos viviendo hoy es una de ellas.

Y tú como empresario tienes 2 opciones…lamentarte y esperar a que escampe para seguir tu camino, o buscar la oportunidad que hay detrás del problema y aprovecharte de ello.

Porque te aseguro que oportunidades hay. Una de ellas es, sin ningún género de dudas, el de aprovechar la ocasión para implantar el teletrabajo en tu empresa.

Entre otras cosas, porque ha pasado de ser una opción que probablemente no te habrías llegado a plantear nunca, a convertirse en una necesidad para salir adelante.

Y la oportunidad está en que, si lo planteas correctamente, cumplir con la necesidad puede llegar a ser muy beneficioso, tanto para tu empresa, como para tus empleados. 

 

 

Qué es el teletrabajo

Teletrabajar es esa actividad laboral que no solo se puede desarrollar fuera de las instalaciones de tu empresa, si no que, además, tiene que poderse realizar completamente desde cualquier lugar que no sea necesariamente la casa del empleado.

Es decir, que con un ordenador y una conexión a internet, podría hacer el mismo trabajo y obtener idéntico resultado que si se hiciera en las instalaciones de la empresa.

Muy probablemente pensarás que eso no es para tu empresa, que para que tus empleados ejecuten sus tareas tienen que estar necesariamente en tus locales.

Y si tú tienes un negocio que precisa de interactuación directa con los clientes, como pueden ser una tienda o un taller, es posible que así sea. Pero incluso así, seguro que no es necesario que el 100% de tu personal deba estar presente para poder realizar su trabajo.

La cuestión es que, obviando a los empresarios que por la tipología de su negocio no se pueden permitir el lujo de enviar a sus empleados a trabajar a casa, la inmensa mayoría del resto, simplemente no se lo plantean por el miedo que tienen a perder el control de lo que hacen sus empleados, si no los tienen cerca para poder controlarlos. 

Porque tienen la falsa creencia de que, si un empleado no está en su puesto de trabajo, es que no está trabajando. Cuando generalmente, el hecho de que esté sentado en su mesa no te asegura que lo esté haciendo.

Aunque bueno, al menos tienes la tranquilidad de que está cumpliendo con su horario, ¿verdad?  

En cualquier caso, y teniendo en cuenta que las circunstancias casi que nos obligan a implantar este sistema de trabajo en nuestras empresas si queremos tener posibilidades de sobrevivir, considero que al menos deberías reflexionar sobre ello y planteártelo en serio.

Porque, además, el teletrabajo tiene grandes beneficios para tu empresa…

 

Los beneficios del teletrabajo para tu empresa

Aumenta la productividad, debido principalmente a que los empleados son más ágiles al realizar sus tareas, porque reciben menos interrupciones, pero también porque, al trabajar más por objetivos que por horario, suelen acabar antes.

Se reduce el absentismo y los accidentes laborales.

Se reducen los costes de estructura, tales como el mobiliario, las instalaciones y los suministros.

Tu empresa se vuelve más ecológica, al reducir drásticamente el uso del papel, pues, entre otras cosas, se imprime menos. Y también porque se reduce el consumo de electricidad, calefacción, etc.

Tienes mayor control sobre el trabajo que realiza tu personal, pues al trabajar más por objetivos y logros que por cantidad de horas presenciales, te permite saber qué y quién cumple y cuándo lo cumple.

Te permite acceder a profesionales que, por la ubicación de tus instalaciones no podrías acceder, pudiendo contratar así empleados en otras ciudades o países.

Mejoras la felicidad de tus empleados, ya que pueden conciliar mucho mejor la vida familiar, reducen el estrés y los gastos personales, y se sienten más realizados porque tienen mayor autonomía y responsabilidad sobre sus actos profesionales, así como libertad horaria para hacer lo que tengan que hacer.

 

Qué inconvenientes tiene el teletrabajo para tu empresa

Por contra, el teletrabajo también tiene inconvenientes que, aunque no son demasiados, sí has de tenerlos presentes.

Requiere de un período de adaptación, porque no tenemos la mentalidad de teletrabajar y hemos de reprogramar nuestra mente para ello.

Requiere inversión en tecnología, que aunque tampoco es ninguna exageración, sí hay que invertir.

El trabajo en equipo es más difícil y se disminuye la innovación, pues al no estar todos en el mismo lugar, se interactúa menos.

Algunos empleados llegan a agobiarse porque echan en falta el trato social que tuviesen con el resto de compañeros. Aunque esto podrías solucionarlo haciéndoles ir a la oficina 1 o 2 días a la semana.

 

Cómo implantar el teletrabajo en tu empresa

La cuestión es que está claro que los beneficios que el teletrabajo aporta a tu empresa son inmensamente mayores que los inconvenientes que tiene. Y por lo tanto, solo requiere de que te lo plantees en serio y te pongas manos a la obra.

Porque, mandar a tu gente a teletrabajar no es tan simple como decírselo.

Vas a tener que marcar objetivos que se puedan medir, establecer sistemas de trabajo en el que los empleados puedan funcionar según esos objetivos, y crear los métodos de control que utilizarás para hacer el seguimiento del trabajo que se realice.

Tendrás que implementar sistemas de comunicación sólidos y funcionales, así como los protocolos que marquen cómo han de comunicarse con la gerencia de la empresa, con los clientes y con el resto de compañeros.

Habrás de aportarles toda la estructura tecnológica necesaria, como ordenadores portátiles, teléfonos móviles, líneas de datos, aplicaciones para el trabajo en remoto, etc.

Preocuparte de la seguridad, tanto informática como la del propio personal. Porque, no por el hecho de que no estén en tus instalaciones hay que olvidar las normas de prevención de riesgos.

Darles la formación necesaria, tanto para la nueva forma de trabajar, como para el uso de los equipos y las aplicaciones.

Y marcar las pautas de seguimiento del trabajo, de las fechas clave, las reuniones periódicas y todo lo que consideres según tu tipo de negocio.

 

Conclusiones

Ya para finalizar, simplemente decirte que, aunque el teletrabajo en un primer momento pueda imponerte mucho, no por eso deja de ser una opción más que interesante, no solo para salir mejor de la complicada situación en la que vivimos, si no que también, para mejorar la rentabilidad de tu empresa. 

Aunque evidentemente, antes habrás de desterrar de tu cabeza las creencias limitantes que te hacen pensar que en tu empresa no es posible aplicar este método, o que para que tu personal trabaje tienen que estar ahí donde tú puedas verlos, porque si no, rendirán menos. Porque, además, si un trabajador no es rentable teletrabajando, seguramente lo será menos haciéndolo en tus instalaciones. Y si no, basta con que midas su desempeño para descubrirlo.

 

Y hasta aquí el post de hoy. Si crees que esto que te he contado podría ayudar a alguien más, te agradeceré que me ayudes a hacérselo llegar compartiéndolo en tus redes sociales.

Y te invito a que me dejes un comentario y me cuentes qué opinas de esto del teletrabajo y, si ya lo estás implantando, qué resultados te está dando.

Hasta la próxima.

Errores a evitar en tu empresa

Errores a evitar en tu empresa

Es evidente que el éxito o el fracaso de una empresa lo pueden determinar muchas cosas. Pero lo habitual es que siempre se tropiece en las mismas piedras. 

Sin embargo, muchas veces se tropieza una y otra vez con las mismas piedras, simplemente porque no se sabe que son piedras.

Así que hoy voy a contarte cuáles son algunas de estas piedras que tienes que evitar a toda costa si quieres tener éxito para que, si tropiezas con ellas, al menos sepas que estaban ahí.

 

 

Por qué no funciona tu empresa

Existen básicamente 2 formas de tener posibilidades de que tu empresa funcione y tengas éxito…

  1. Una es a base del tiempo y los golpes que te dan la experiencia.
  2. Y la otra es aprovechándote de las experiencias que han vivido otros y que se suele conseguir cuando contratas un mentor y te formas. (Aunque este último método tampoco te va a librar al 100% de todos los tropiezos)

En mi caso, yo soy de los que ha aprendido a base de dolorosos tropiezos. Porque cuando me convertí en empresario, hace ya más de 25 años, el concepto de mentor no estaba tan extendido como lo está hoy, por lo que no me quedó más remedio que hacerlo a base de prueba-error.

Sin embargo, gracias a esos tropiezos hoy puedo ayudarte a ti a que puedas evitar algunos de los errores que más habitualmente se cometen y que no permiten que tu empresa pueda avanzar.

Porque si eres como la mayoría, seguramente ya lleves un tiempo con tu empresa y, sin embargo, no estás consiguiendo que esta te aporte los resultados que esperabas cuando la abriste.

O sí te los está dando, pero a base de sufrir mucho. Cuando la lógica dice que, si eres empresario es para poder vivir un estilo de vida como mínimo, algo mejor que el que vivías cuando eras empleado.

Pero no me voy a enrollar más y voy a contarte ya algunos de esos errores que te estoy comentando.

 

Los errores más habituales que se cometen en las empresas

No tener claro lo que se vende

Y el primero de ellos y más que habitual en la mayoría de las pequeñas empresas, es que no se tiene claro qué es lo que se vende. Y es que se suele confundir el producto o el servicio que se comercializa, con lo que en realidad estás vendiendo y que no es más que una solución a una necesidad concreta de un cliente.

Porque, que tú vendas pintura no significa que lo que los clientes quieran comprarte sea pintura. Porque lo que en verdad ellos tienen, es la necesidad de pintar algo, no la de adquirir pintura.

O, dicho de otra manera, lo que quieren es sentirse mejor allí donde hayan de permanecer y les gustaría conseguirlo gracias, entre otras cosas, a tener las paredes pintadas de determinada manera.

No tener un cliente objetivo bien definido

La cuestión es que esta falta de claridad en esto que te acabo de contar, hace que se cometa otra de las equivocaciones más comunes, y es la de no enfocarte en ningún tipo de cliente en concreto.

Porque la idea de que tu cliente es cualquiera que pase por la calle o tenga el dinero suficiente para pagarte es un error. Porque, siguiendo con el mismo ejemplo, estarás conmigo en que las necesidades de un particular no son las mismas que las de un profesional de la pintura.

Depender de 1 o 2 clientes estrella

Al respecto de los clientes, también tienes que huir como del agua hirviendo, de la idea de tener un único gran cliente, o cliente estrella.

Porque, aunque sí es verdad que te facturará mucho a cambio de menor esfuerzo comercial, también es cierto que el riesgo que corres es demasiado alto, si algún día decide cambiar de proveedor o cerrar.

Este es un error que es muy difícil de solucionar, porque cuando se te pone delante un gran cliente, lo único que piensas es en el montón de dinero que vas a facturar, y ni se te ocurre pensar, o si lo haces es muy fugaz, que esto pueda ser arriesgado. Y entonces preparas y enfocas tu empresa a esta situación que cada vez te absorbe más y te hace tener menor control de tu empresa, dándoselo casi totalmente a este gran cliente.

No tener una sólida propuesta diferenciadora

Otro error muy común es el de no tener una propuesta que te diferencie de la competencia, lo cual hace que cuando sales al mercado a competir, estés obligado casi al 100% a tener que hacer grandes descuentos y competir por precio.

Y es que, al no tener argumentos de peso que le puedas presentar a los clientes que visitas y que les hagan decantarse por tu propuesta en lugar de por los de la competencia, la única opción a la que puedes optar es a la de tener que hacer descuentos si quieres que te tengan en cuenta.

Y lo arriesgado de este tema es que, no solo tienes menor margen, si no que, además, siempre podrá venir otro que venda más barato y no tendrás argumentos para retenerlos.

No tener una estrategia para el crecimiento del negocio

Y esto es provocado por el siguiente error del que te voy a hablar, que es el de no tener una estrategia de crecimiento para tu empresa, ni tampoco un plan comercial estable y predecible. Limitándote así a abrir la puerta de tu negocio por la mañana, pero sin un porqué que no vaya más allá que el de simplemente facturar para poder pagar las facturas.

Aunque muchos no lo tienen porque desde el principio pensaron que como tenían un producto muy bueno, este se iba a vender solo. Algo que evidentemente es un desatino, porque está más que demostrado que no vende más quien mejor producto lleve, si no quien más ayude a sus clientes.

No saber contratar empleados

Errar a la hora de contratar personal, es otro de los motivos que hace que tu negocio no avance. Porque, sí es verdad que unas veces es porque no se puede pagar a los mejores profesionales, pero por regla general, el mayor problema es que no se sabe contratar personal y nos dejamos llevar solo por la intuición y las prisas que tengamos por cubrir el puesto vacante.

Y esto tiene como habitual desenlace, el tener personal considerado incompetente o falto de motivación. Y no es por una cuestión de que les pagues más o menos, porque los profesionales lo son, les pagues lo que les pagues.

Intenta seguir siempre esa máxima que dice que, a la hora de contratar lo hagas despacio y al despedir lo hagas deprisa.

 

Ya para ir finalizando te voy a hablar de otros 2 errores muy comunes y que también determinan el resultado de tu negocio.

No tener objetivos claros y un plan para lograrlos

Uno es el no tener objetivos claros y un plan para cumplirlos. Porque ya te digo yo que el tener el enunciado escrito de lo que quieres conseguir, no es suficiente para que lo consigas. Por lo que tienes que esforzarte y dedicar tiempo a crear un plan lo más detallado que puedas y que diga paso a paso qué tienes que hacer para lograr aquello que te has propuesto.

No tener controles que te informen del estado de la empresa

Y el otro error, es no tener paneles de control que te mantengan informado constantemente del estado de tu empresa.

Porque si no sabes cómo está tu empresa a nivel de tesorería, facturación, ventas, facturas pendientes de pago o cobro, etc., el tomar decisiones se hace muy difícil, y cuando las tomes, estarás dejando muchas veces a la suerte el acierto de las mismas.

 

Conclusiones

Y hasta aquí el artículo de hoy, y simplemente decirte antes de despedirme que, una de las decisiones más importantes que puedes tomar ahora mismo, es la de formarte y capacitarte para gestionar tu empresa y así podrás descubrir cómo evitar todos estos errores que te acabo de contar y que son los que hacen que tu empresa no esté marchando como tú quieres.

Aunque siempre puedes optar por la opción de hacer prueba error y aprender de tus propios errores que, aunque es más doloroso y se tarda mucho más, al menos es más barato a corto plazo.

 

Y hasta aquí la entrada de hoy. Que espero que te ayude a seguir creciendo y a mejorar tu empresa.

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Y si te apetece, déjame un comentario o una consulta

 

Hasta la próxima.

Sé un empresario productivo

Se un empresario productivo

Si eres empresario y te pasas la mayor parte del día dedicado a las labores técnicas típicas de tu negocio, o pegado al teléfono móvil y al email solucionando marrones varios, seguramente tu productividad como empresario será muy baja.

Pero no porque lo que haces esté mal hecho o seas lento al realizarlo, ni mucho menos. Si no, porque estas tareas no forman parte de tus funciones como empresario y, por lo tanto, las que de verdad lo son no están siendo ejecutadas por nadie o, como mucho, les estás dedicando muy poco tiempo.

Y, el mayor problema, en cualquier caso es que, el ser improductivo, no solo afecta al buen funcionamiento y desarrollo de tu empresa, si no que, también afecta a tu vida personal, porque vives en un constante estrés que no te deja disfrutar de tu negocio, ni de la vida en general.

Así que hoy te voy a contarte algunas cosas que puedes hacer para mejorar tu productividad como empresario y que así tu negocio pueda prosperar y tú vivas mucho mejor.



Ser empresario es una profesión como otra cualquiera

No cabe duda que dirigir una empresa no es una tarea nada fácil, sobre todo si eres primerizo y no tienes experiencia o te faltan conocimientos.

Sin embargo, has de tener claro que ser empresario es una profesión como otra cualquiera y, como tal, también requiere de que se desempeñen determinadas tareas que sólo puede realizar el propio empresario.

Pero lo bueno de ser empresario es que, si realizas estas funciones de la manera correcta, al principio tendrás que trabajar y esforzarte mucho, pero a medida que vayas avanzando podrás delegar la mayoría de estas tareas y vivirás mejor.

Y para ello, lo que necesitas es ser capaz de enfocarte en tu trabajo como empresario y ejecutarlo de la manera más productiva que te sea posible, pues cuanto más productivo seas, antes podrás llegar a donde tú quieras.

 

El ojo del amo NO engorda el caballo

Lo que pasa es que, la posible falta de conocimientos y también determinadas creencias, hace que la mayoría de los pequeños empresarios no sean capaces de actuar según el papel de empresario que ellos mismos han elegido, dedicando la mayor parte de sus esfuerzos a la realización de tareas técnicas, que difícilmente les permiten avanzar. 

Lo cual provoca que se pasen el día haciendo muchas cosas, pero que no les llevan a ningún sitio, desembocando así en la falta de productividad que comentaba al principio del vídeo.

Y una de las principales creencias que hace que algunos empresarios actúen así, es aquella que dice que el ojo del amo engorda el caballo, que básicamente quiere decir que tu negocio sólo puede funcionar bien si tu estás presente para que ocurra. 

Cosa que está muy lejos de la realidad, porque si esto fuera así, no podrían existir los grandes imperios empresariales.

¿O acaso tú has visto alguna vez al dueño de El Corte Inglés o de Zara en algunas de sus tiendas?

 

La cuestión es que este tipo de creencias suele hacer que el empresario actúe en modo excesivamente controlador, lo cual hace que tus trabajadores no sean felices. Algo que, como ya deberías saber, es una de las cosas por las que tienes que luchar con mayor empeño. Pues, al fin y al cabo, los empleados son los que harán que tu negocio prospere.

Y la experiencia nos demuestra que un trabajador descontento, antes o después, va a suponerte un coste extra. Ya sea porque se marcha a la competencia en busca de más cariño, o porque disminuye deliberadamente su ritmo de trabajo, y con ello su productividad.

Por otro lado, el tener que dedicar tiempo a controlar todo lo que hace el personal, hace que el crecimiento del negocio se limite a la capacidad de control máxima que tengas como empresario. Obligándote además, a dejar para después todas esas tareas que sólo puedes hacer tú, ralentizando así el avance del negocio y restándote horas que podrías dedicar a tu familia, o a tus hobbies.

 

Empresario productivo

Sin embargo, quiero asumir que tu principal motivación cuando decidiste convertirte en empresario, era la de hacer crecer y desarrollar su empresa hasta que ésta te permitiera vivir según los parámetros de libertad y comodidad financiera que algún día soñaste. 

Y es eso por lo que deberías obligarte a hacer sólo aquellas tareas que son más importantes y que sólo tú puedes realizar en tu empresa. Intentando evitar por todos los medios que tu empresa llegue a depender de ti como trabajador.

Pues, si bien es cierto que si eres tú quien ejecuta determinadas tareas, estas te van a aportar mayor tranquilidad, también es cierto que si el centro de tu empresa eres tú, aunque al final llegases a ganar dinero, sería a cambio de vivir en una especie de cárcel que no te permitiría ponerte enfermo demasiados días seguidos, ni tampoco marcharte de vacaciones.

Por eso, una de las cosas más importantes que tienes que poner en práctica para lograr ser un empresario productivo, es la de dedicarte a hacer el trabajo por el que te pagas. Es decir, el de empresario. Y que, en ningún caso, es el de un empleado más de tu empresa. 

Debiendo dedicarte casi en exclusiva a gestionar y dirigir el negocio, y a crear las estrategias necesarias que te permitan hacer de tu empresa el negocio que quieres.

Crea sistemas y manuales

Y dentro de las tareas como empresario que te ayudarán a conseguir lo que quieres, está la de crear sistemas y manuales de procedimiento, que dejen muy claro a todos tus empleados, qué es lo que tienen que hacer y cómo tienen que hacerlo. 

Y tienes que crearlos tanto para las tareas típicas de cada uno de los puestos, como para que sepan cómo han de responder ante cualquier circunstancia que pueda surgir, de manera que no precisen de tener que contactarte para solucionar cualquier contratiempo.

Contrata siempre a los mejores

Por otro lado, a la hora de contratar personal, tienes que intentar siempre que este sea el más cualificado que te puedas permitir, aunque procurando no depender de las habilidades o cualidades de determinadas personas, para evitar limitarte. Y no dudes nunca a la hora de invertir recursos para su formación, pues cuanto más preparados estén, más te beneficiará a ti.

Crea sistemas de control

También tienes que crear todos los sistemas de control que consideres necesarios, ya que te permitirán saber en todo momento cómo está marchando todo y esto te aportará la tranquilidad necesaria. Permitiéndote no tener que estar presente para saber que se están obteniendo los resultados esperados. 

Confía en el sistema

Y por último, tienes que confiar. Que, aunque no se trata de que cierres los ojos y confíes ciegamente en todo, sí que consiste en que dejes hacer a los demás. Pues, en cualquier caso, están siguiendo los manuales que tú mismo te has encargado de crear.

Además, piensa que si tu personal está contento, ellos mismos serán los primeros interesados en que todo vaya sobre ruedas. 

Y al demostrarles que confías en ellos, reforzarás esta actitud.

 

Conclusión

Y ya está por hoy, simplemente para ir acabando, insistir en que ser empresario y dirigir una empresa no es tan sencillo como pensarlo, sobre todo si tienes aspiraciones de llegar a lo más alto. Sin embargo, poderse, se puede, y no es una cuestión de suerte, si no de saber qué es lo que hay que hacer.

Por eso, yo he pretendido hoy hacerte ver que tu trabajo como empresario va mucho más allá de la ejecución de las tareas que podría realizar un empleado. Y que, al final, no es una cuestión de recursos, si no de la mentalidad que tú tengas al respecto de cuáles son tus funciones y por qué estás desempeñando el trabajo que estás desempeñando.

Así que, mi recomendación es que te pares y reflexiones sobre cuál es tu actuación como empresario y si precisas de realizar algunos cambios.

Y, si necesitas ayuda, siempre puedes contar conmigo. Y basta con que me escribas para que agendemos una sesión estratégica para valorar cómo podría ayudarte.

 

Y hasta aquí la entrada de hoy con la que espero haberte aportado valor.

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Si quieres, puedes dejarme un comentario a continuación sobre tu forma de ver este tema.

Hasta la próxima.

¿Te da tu asesor lo que necesitas?

Te da tu asesor lo que necesitas?

Supongo que estarás de acuerdo conmigo que tener contratado un asesor de empresas que te ayude con las obligaciones legales de tu negocio, es algo imprescindible, ¿verdad?

Sobre todo si tu empresa es pequeña o eres un emprendedor que acaba de empezar.

Porque, si es así, casi con toda seguridad no te puedes permitir tener personal en plantilla que se encargue de ese cometido.

Sin embargo y, aún teniendo la certeza de que te hace falta, lo más probable es que no sepas si tu asesor te está aportando todos los beneficios que podría. O bien porque no sabes cuáles te puede o debe aportar. O sí que los sabes, pero no se los quieres pedir. O, lo que sería peor, que sí se los pides, pero tú asesor no es capaz de dártelos.

En cualquier caso y, sea cual sea tu situación, hoy te voy a contar qué puedes pedirle a tu asesor para sacarle el máximo partido posible y, llegado el caso, cómo saber si tienes que ir buscándote otro.

 

 

La necesidad de tener un buen asesor

Tener al día los temas contables, fiscales y laborales de un negocio, es una obligación de todo empresario. 

Y justo por el hecho de que es obligatorio, muchos empresarios a la hora de buscar una asesoría que les gestione todos estos temas, optan por elegir la más barata. 

Pues la primera idea que se les viene a la mente es que, cuanto menos les cueste, mejor.

Sin embargo, esto es un gran error, porque en realidad, un asesor es un socio necesario que todo empresario necesita, si quiere que su empresa marche sin problemas. 

Y no solo porque se preocupa de que nuestra empresa cumpla con sus obligaciones legales. Si no porque, además, es o debería ser, un consejero que te puede ayudar a tomar mejores decisiones en el día a día de tu negocio.

Ahora bien, al igual que un buen asesor te puede ayudar a hacer crecer tu negocio, uno menos bueno puede hacer que, no solo desconozcas la marcha real del mismo, si no que, además, puedas acabar incurriendo en incumplimientos en tiempo o forma de las obligaciones, con el posible acarreamiento de importantes sanciones.

Lo que pasa es que, la inmensa mayoría de los empresarios, cuando contratan un asesor, no lo hacen pensando en que este les pueda ayudar en la gestión del negocio. Si no que, solo se plantean que este les ayude en la ejecución de las tareas administrativas ya mencionadas.

Por lo que habitualmente se limitan a enviarle cada mes las facturas para contabilizar y solo le contactan cuando les surge una situación legal que no saben cómo solucionar, aunque esta no tenga que ver con los temas propios de la asesoría.

Y esto ocurre porque, por regla general, no se tiene muy claro qué es lo que puede hacer un asesor por sus clientes. Mal utilizándolo y perdiendo así la oportunidad de convertirlo en la poderosa herramienta que puede ser, para ayudarte a tomar mejores decisiones con las que llevar a tu empresa a los mejores resultados.

Porque incluso te diría que, en la mayoría de los casos, usar al asesor correctamente no tendría porqué implicar un mayor coste. Pues, lo normal es que en la cuota mensual, ya esté incluída esa labor.

Y, en cualquier caso, si tuvieses que pagar un extra por recibir este servicio, créeme que sería un dinero más que bien invertido. Pues gracias a un buen asesoramiento, tú podrías tomar mejores decisiones que te ayudasen a llenar la caja del negocio, o a vaciarla menos.

Aunque, eso sí, para que el asesor pueda cumplir bien con su función, has de contarle la verdad verdadera de la situación del negocio y aportarle cuanta más información de tu empresa mejor. 

 

Qué pedirle a tu asesor para sacarle todo el partido

Para que te hagas una idea de lo que un asesor puede hacer por tu empresa, te voy a listar algunas de las cosas que le puedes pedir, y que, junto con las ya mencionadas para el cumplimiento de tus obligaciones legales, te pueden ayudar a mejorar o, como mínimo a tener más información.

Y, una de las cosas que más que pedírsela, puedes exigírsela, es la de que se reúna contigo periódicamente para que te explique cuál es la situación de la empresa desde el punto de vista de lo que él gestione. Y ya de paso, que te aporte sugerencias y mejoras sobre el modo de operar para ser más efectivo.

Pero no solo tiene que explicártelo, si no que además tiene que hacerlo de una manera que tú puedas entenderlo fácilmente. Pues los asesores suelen utilizar una jerga que para ellos es muy clara, pero que para la mayoría de los mortales suena a chino. 

Y, muchas veces, por no pasar la vergüenza de decirles que no lo estamos entendiendo, nos callamos y nos marchamos igual que llegamos. 

Un amigo me dió hace un tiempo un consejo que sigo a rajatabla; y es que, es preferible hacer la pregunta y pasar por inculto 5 minutos, que no hacerla y pasar por tonto toda la vida.

Respecto a cuántas veces te tendrías que reunir con tu asesor, dependerá de tu negocio y de sus circunstancias, aunque lo habitual y mínimo, es que os deberíais reunir al menos una vez al año, normalmente a final de año. Pero según el volumen de tu negocio, quizá necesites más reuniones de este tipo.

Otra cosa que le puedes pedir es que sea proactivo. Es decir, que no espere a que seas tú quien contacte con él para que te de información o te aconseje. Si no, que sea él quien de tanto en tanto te llame o te envíe un email informándote o dándote algún consejo según vaya viendo los resultados de tu negocio.

También le puedes pedir que te mantenga informado inmediatamente de cuantos cambios en la legislación de produzcan. Sobre todo si estos afectan a tu negocio de cualquier manera. Pues en muchos casos, uno se entera de estas novedades antes por la prensa que por el propio asesor.

Y, ya que estamos, que te informe también de cuantas posibles subvenciones o ayudas existieran y a las que pudieras acogerte según tu tipo de empresa o sector.

Lógicamente, también puedes exigirle que te conteste cuanto te quieras poner en contacto con él, sobre todo cuando sea urgente. Porque, en muchas ocasiones, parece que haya que perseguir al asesor para que te dé una información. Cuando lo normal es que esto tendría que ser al revés, que para eso tú eres el cliente y él el proveedor. 

Y, evidentemente, que te de soporte legal ante inspecciones o situaciones complicadas con empleados. Aunque esto sí es posible que tenga un sobre coste según cada circunstancia.

 

Conclusión

Como ves, el trabajo de un asesor de empresas no se limita a hacer la contabilidad y los modelos oficiales, pues si así fuera, no serían asesores si no gestores. Aunque muchos se limitan solo a estas funciones, aún llamándose así mismos asesores, por el exceso de trabajo que tienen y porque los clientes no les exigen que cumplan con su cometido.

Así es que, si tu asesor no te está dando el servicio que crees que mereces, yo te aconsejo que te reúnas con él y aclares qué servicio es por el que le estás pagando y después analices si quieres continuar con él o cambiar de asesoría. Pues, al fin y al cabo, un asesor no deja de ser un proveedor más y no tiene por qué darte agobio el cambiarlo si no se adapta a lo que tú quieres.

 

Y ya está por hoy.

Si quieres aportar tu visión, tu experiencia o cualquier otro comentario, no te cortes y hazlo a continuación.

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Hasta la próxima.

Si quieres que tu empresa vaya bien, haz felices a tus empleados

Empleados felices

¿Sabías que la felicidad de tus empleados repercute directamente en los resultados de tu empresa?

Pues efectivamente. De hecho, varios estudios lo demuestran.

Y es que, un trabajador contento con su puesto de trabajo, no solo está más comprometido con la empresa, si no que además es mucho más productivo.

Así que he pensado que hoy podría contarte cómo un empleado feliz puede beneficiar a tu empresa y también algunas ideas que puedes aplicar para conseguir que lo sean.

No cabe duda que los empleados son el motor de cualquier empresa. Y por lo tanto, son los que con mayor facilidad pueden determinar el éxito o el fracaso de la misma. Pues la satisfacción de los clientes va a depender mucho de cómo estos ejecuten sus tareas.

Y solo basándonos en esa afirmación, ya debería merecerte la pena esforzarte por encontrar los medios que fueran necesarios, para lograr que tus empleados se sintieran felices. 

Y es que, una de las cosas que diferencia las empresas de éxito de las que no lo tienen tanto, es la capacidad que tengan sus propietarios para lograr que sus empleados vivan una experiencia lo más agradable posible en su puesto de trabajo, de manera que los motive a levantarse cada mañana para ir a trabajar.

Porque, que no sean felices puede repercutir no solo en un posible mal servicio a los clientes, si no que, además, corres un elevado riesgo de que quieran marcharse de tu empresa, con el alto coste en tiempo y dinero que eso puede suponer para ti, si tuvieras que sustituir al empleado.

Sin embargo, mi idea de hoy no es analizar cómo te puede perjudicar que tus empleados sean poco felices, porque seguro que tú solo serás capaz de imaginarlo. 

Si no que, en cambio, lo que quiero es centrarme en qué cosas puedes hacer para que lo sean. 

Porque, si tu plantilla es una plantilla feliz, vas a lograr que exista un mejor ambiente entre compañeros, vas a poder retener a los mejores trabajadores y, en definitiva, vas a poder conseguir que tu empresa sea mucho más productiva. Cosas que, si las juntamos todas, repercutirán directamente en los beneficios de tu negocio.

 

Cómo hacer felices a tus empleados

Antes de empezar, me gustaría hacerte un comentario con respecto a los sueldos, porque, muy al contrario de lo que piensan muchos empresarios, el dinero no es la única motivación que tienen los empleados. 

Porque, aunque sí es lo que más suele pesar antes de ser contratados, una vez que ya forman parte de la plantilla y han cubierto esa necesidad básica de percibir un sueldo mensual, lo que les preocupa ya son más cuestiones de otro tipo, como:

  • El poder desarrollarse y crecer dentro de la misma empresa
  • El sentirse valorados por la gerencia, los compañeros e incluso los clientes
  • Y también, el que exista un trato justo por parte de la dirección, sobre todo entre los compañeros de la misma categoría o rango.

Y una vez aclarado este punto, ya sí que puedo continuar y contarte algunas tácticas que puedes aplicar para lograr la felicidad de tu personal.

Intenta que sean afines a los valores de la empresa

La primera que tendrías que apuntarte, es que, cada vez que te planteases contratar un nuevo trabajador, deberías tener en cuenta que estos fueran lo más afines posible a la cultura y los valores de tu empresa. Porque si tus empleados comparten las mismas ideas, iniciativas y proyectos que tu marca, se van a sentir mucho más confortables y fieles al realizar sus tareas.

Especifica las funciones de cada puesto

Otra cosa que tienes que hacer, es definir muy claramente cuáles son las funciones específicas de cada trabajador. Porque no hay nada más frustrante para un empleado, que no saber qué es lo que tiene que hacer o cómo tiene que hacerlo.

Crea planes de desarrollo del personal

También tienes que crear planes de desarrollo para cada uno de los puestos que hayas de cubrir, para que así tus empleados sepan a qué pueden aspirar dentro de la empresa, y qué tienen que hacer para lograrlo.

Y deberás proporcionarles formación constante para que les haga sentir que están aprendiendo cosas nuevas constantemente y que te preocupas por sus conocimientos.

Sé justo con los sueldos

Por otro lado, has de procurar que los sueldos sean lo más justos posible, en base al puesto que ocupen y la responsabilidad que asuman. Y si te es posible, establecer opciones de retribución variable para que los empleados puedan optar a ganar un sobresueldo a cambio de un esfuerzo extra.

Evita los favoritismos

Un detalle importante, es que debes tener mucho cuidado con los favoritismos y fomentar siempre la igualdad, sobre todo entre compañeros del mismo nivel. 

Y, en cualquier caso, estar atento ante posibles malentendidos provocados por estas circunstancias, para poder darles solución rápidamente, haciéndoles sentir que estás pendientes de ellos. Pues una actitud atenta por tu parte, hará que se sientan tranquilos.

Delega y marca objetivos

Por otro lado, que les delegues tareas o proyectos les hace sentir que confías en ellos. Pero a la vez es importante que también les establezcas objetivos, porque de alguna manera los empleados necesitan saber que están controlados y que hay alguien velando porque los resultados sean los adecuados.

Reconoce el trabajo bien hecho

Y por supuesto, has de celebrar los éxitos y dar el reconocimiento público merecido, cuando los resultados lo merezcan. Ya que esto repercutirá muy directamente en su felicidad y se seguirán esforzando para recibir más reconocimiento.

Además de todo esto, también existen otro tipo de acciones que puedes realizar y que también te ayudarán a lograr lo que quieres.

Como por ejemplo:

  • Tener siempre fruta fresca en las oficinas para que los empleados puedan coger lo que quieran.
  • Organizar eventos sociales del tipo de comidas o cenas cada pocos meses, o incluso salir los viernes una hora antes para tomar cervezas todos juntos.
  • Prestar atención a las condiciones de las instalaciones, manteniendo cosas como la iluminación, el mobiliario y la higiene en un estado óptimo.
  • Dar opciones de retribución flexible, del estilo de tickets de gimnasio, guarderías o bonos de transporte.
  • Si te lo puedes permitir, implementar sistemas de horario flexible.
  • Y, por supuesto, preguntar de vez en cuando, cómo se encuentran. Para que sepan que también te preocupas por ellos y no solo por los resultados de la empresa.

Ya para finalizar, simplemente decirte, que para ti como empresario, la felicidad de tus trabajadores debería ser un tema tan prioritario o más, que la propia venta a los clientes.

Y tienes que recordar que los clientes de tu empresa, son aquellas personas o empresas que compran los productos o servicios que comercializas.

Sin embargo como empresario, tus clientes son tus propios trabajadores, y son para los que tienes que crear todas las acciones que se te ocurran, para mejorar el tiempo que estén en tu empresa. Pues al fin y al cabo, que ellos sean felices hará que se esfuercen por seguir formando parte de tu empresa, y descargarán todo su saber hacer sobre los clientes, lo cual generará mejores resultados en tu empresa.

Y ya está por hoy.

Si quieres aportar tu visión, tu experiencia o cualquier otro comentario, no te cortes y hazlo a continuación.

Si piensas además que esta información podría resultar de valor para otras personas, échame una mano y compártelo en tus redes sociales.

Hasta la próxima.

Qué 3 roles tienes que asumir en tu empresa para hacerla crecer

Los 3 roles que debes asumir en tu empresa

¿Trabajas muchas horas cada día en tu empresa, pero aún así no consigues que ésta avance como esperas?

Quizá el problema esté en si el papel que estás asumiendo en ella es el adecuado según el momento en que se encuentra.

Si quieres descubrirlo y desatascar el crecimiento de tu empresa, sigue leyendo, porque te voy a contar cuáles son los 3 roles que necesitas asumir y en qué medida tienes que implementarlos según el momento en que esta se encuentre.

 

 

Si eres como la mayoría de los pequeños empresarios, estoy seguro que tus jornadas laborales serán larguísimas y estarán ocupadas por un montón de tareas de todo tipo, que parece que no se acaban nunca.

Visitas clientes, preparas presupuestos, archivas documentación, respondes al teléfono, solucionas marrones y un montón de cosas más.

Y encima, seguro que cuando finalizas la jornada y llegas a tu casa, tienes la angustiosa sensación de haber trabajado mucho, pero sin embargo no haber avanzado nada, o haberlo hecho muy poco.

Y aunque sabes que los resultados que obtienes no se corresponden ni de lejos con el esfuerzo que aplicas, eres incapaz de determinar a qué se debe.

De hecho, es probable incluso,  que de vez en cuando te plantees que cuando trabajabas por cuenta ajena eras mucho más feliz.

Pero déjame decirte que no estás solo. Es más, la inmensa mayoría de los pequeños empresarios y emprendedores viven algo parecido a lo que tú estás viviendo. Y, parte de la culpa, la tiene la forma en que se asumen los distintos roles necesarios, que han de ejecutar en sus empresas.

Por eso, hoy voy a contarte cuáles son estos roles y cómo tienes que hacerlo para que cada uno de ellos se ejecute en la medida adecuada, según sea el momento en que se encuentre tu empresa.


Los 3 roles de toda empresa

El primero de ellos y probablemente el más importante, es el rol del emprendedor, que es el del soñador que todos llevamos dentro, y es quien imagina el qué y el cómo y es capaz de visualizarlo como si ya estuviera hecho.

El emprendedor es ese que suele vivir siempre en el futuro, pasando casi de puntillas por el presente y olvidando con muchísima facilidad el pasado. Y es capaz de ver una oportunidad de negocio en cualquier circunstancia por extraña o complicada que esta sea.

Y su fin a medio plazo, es el de no tener que trabajar en su empresa como un empleado más. Por lo que dedica la mayor parte de su tiempo a desarrollar el concepto global de negocio, marcando las pautas principales y creando todo lo necesario para poder delegar las tareas técnicas y de dirección en otras personas.

En segundo lugar tenemos el rol del directivo, que es el más pragmático de los 3 y el que asume la labor de planificar y de dar orden y predictibilidad a todo.

Y si el emprendedor vive en el futuro, necesita control y requiere cambios constantemente, el directivo vive en el pasado, precisa orden y se esfuerza mucho por mantener una posición estable.

Y se encarga principalmente de dirigir al personal técnico y de ejecutar paso a paso el plan creado por el emprendedor. Preocupándose, además, de que la dirección de la empresa sea la ideada y creando las estrategias necesarias para ello.

Y por último tenemos el rol del técnico, que es quien en definitiva hace las cosas en la empresa. Es decir, es el administrativo, el chófer, el contable, el vendedor, el telefonista y, básicamente, el que ejecuta cualquier puesto que requiera de tareas manuales.

Y su máxima es que, si quieres que las cosas se hagan bien, tienes que hacerlas tú mismo.

Si el emprendedor vive en el futuro y el directivo lo hace en el pasado, el técnico vive en el presente.

Y su tope de felicidad a nivel laboral es la de ser capaz de controlar todo el flujo de trabajo y trabajar sin problemas. Aunque eso sí, haciendo una sola cosa cada vez, porque, aunque es consciente de que se pueden hacer varias cosas de manera simultánea, esto le parece una barbaridad.

Asimismo, es habitual que el técnico sea un mal directivo, pues desconfía sistemáticamente del trabajo que ejecutan aquellos que están a su cargo. Y opina, además, que pensar es una pérdida de tiempo, a no ser que eso afecte directamente a aquello que se esté haciendo en ese momento.

 

Ahora que ya conoces cuáles son los roles que deben habitar cada empresa, quizá te resulte más fácil entender por qué la mayoría de los pequeños negocios no aportan a sus propietarios lo que ellos quieren. 

Y es que, básicamente dedican la mayor parte de su tiempo en la empresa a ejercer labores técnicas, dejando de lado las más estratégicas, que son las que verdaderamente pueden ayudarles a hacerlas crecer. 

Y esto lo que hace, es convertirlos en dueños de un auto-empleo muy tirano en lugar de tener un negocio. 

Y no es porque no sean soñadores o estén faltos de capacidad para dirigir, si no porque no saben cómo hacerlo o en qué enfocarse en cada momento.

 

En qué momento de tu empresa debes asumir cada uno de los roles

Para ir cerrando este tema, y aunque estoy seguro que lo habrás deducido por ti mismo, voy a repasar en qué momento debes asumir cada uno de los roles, si quieres que tu empresa pueda crecer.

Antes de empezar el negocio, el rol que debes asumir al 100% es el del emprendedor, pues es cuando tienes la idea, creas el plan y visualizas hasta dónde quieres llegar.

Una vez que te decides por fin a abrir el negocio, pasas a la etapa de inicio, en la que el rol de emprendedor desaparece casi en su totalidad y pasa a ocuparlo el del técnico, pues casi con toda seguridad estarás solo y tendrás que desempeñar tú mismo la mayoría de las tareas y funciones de la empresa.

Aunque no puedes dejar olvidado en esta etapa el rol de directivo, ya que tienes que planificar y crear las estrategias necesarias para llevar la empresa hasta donde hayas imaginado.

Si tuviera que darles un porcentaje a los roles en esta etapa, estos sería de 80% técnico y 20% directivo.

A medida que la empresa va generando beneficios, pasas a la etapa de la adolescencia, en la que tendrás que ir cambiando paulatinamente los porcentajes, dándole más peso al rol del directivo, ya que estarás contratando empleados que ejecutarán las tareas técnicas y habrás de dirigirlos. Pero, a la vez, tendrás que continuar creando y desarrollando estrategias para mejorar constantemente el negocio. 

Y así has de continuar hasta llegar a la etapa de la madurez empresarial, en la que tu trabajo básicamente ya solo será el de controlar. Pues todas las tareas, tanto técnicas, como de dirección, estarán cubiertas por personal cualificado para ello, y tú simplemente tendrás que controlar periódicamente los resultados para comprobar que el negocio sigue la línea que tú mismo marcaste en los inicios.

Aunque claro, todo esto debería ser así, siempre y cuando tu idea de ser empresario no sea la de tener una empresa en la que trabajar, si no un negocio que trabaje para ti.

 

Ahora te toca reflexionar

Ahora que ya tienes claros los roles y cómo ir asumiendo cada uno de ellos dependiendo del momento en que se encuentre tu empresa, lo que te toca es reflexionar sobre si tu idea de ser empresario está más cerca del rol del técnico. Porque si es así, lo que te recomiendo es que la vayas cambiando cuanto antes, si quieres tener alguna posibilidad de lograr el éxito con tu empresa.

Y una vez que hayas reflexionado, analiza en qué punto se encuentra tu empresa y en qué porcentaje estás asumiendo cada rol para poder hacer los cambios necesarios.

 

Y hasta aquí el artículo de esta semana.

Si te ha parecido interesante y crees que podría ayudar a más gente, échame una mano para hacérselo llegar compartiéndolo en tus redes sociales.

Por otro lado, si te apetece, puedes dejarme un comentario y así me cuentas cómo ves tú este tema.

Y si quieres que mantengamos una charla tú y yo para ver si te puedo ayudar a convertir tu empresa en el negocio que quieres, contacta conmigo aquí.

Hasta la próxima.

Cómo y por qué crear procesos en la empresa

Crear procesos en la empresa

Si quieres que tu negocio adquiera unos altos niveles de organización, eficacia, productividad y por supuesto, excelencia, saber cómo crear procesos en la empresa y sistematizarla es algo que no puedes dejar de lado.

Porque estoy seguro que sabes, que lograr que tu empresa tenga éxito, no depende sólo de que seas capaz de vender mucho y mantener un nivel de costes contenido.

Que desde luego es importantísimo y ayuda, está claro, pero no es lo único. También necesitas, entre otras cosas, que mantenga un nivel de calidad y productividad óptimo, para que como mínimo, tus clientes, empleados y proveedores reciban siempre el mismo previsible resultado, y que de haber cambios sean siempre a mejor.

Y da igual que tu empresa esté formada por ti sólo o que tengas cientos de empleados. Al final, crear procesos y sistematizar es una de las mejores opciones que tienes para crecer con solidez.

 

Qué son los procesos

Pero primero de todo, determinemos qué son los procesos en una empresa.

Un proceso es un conjunto de pasos, tareas y/o decisiones que se deben realizar de forma secuencial y siempre del mismo modo, con el fin de conseguir un resultado concreto.

O dicho de otro modo, un proceso es simplemente establecer el modo más óptimo de realizar una tarea para que siempre se obtenga el mismo resultado.

 

Qué características principales tiene un proceso

Procesos hay de muchos tipos, desde los más simples, como podría ser uno que especificase el modo en que se debe cerrar cada día la oficina (qué luces apagar, cómo poner la alarma, cuántas vueltas de llave dar a la cerradura, etc.), hasta los más complicados como el proceso completo de la gestión de venta a un cliente.

Y son varias las condiciones que cumplimentan un proceso para que ofrezca lo que se espera de él. Debiendo como mínimo cumplir con las que expongo a continuación:

 

Los procesos deben tener un principio y un final claro

Cualquier tarea que quieras que funcione sistemáticamente deberá empezar siempre del mismo modo y acabar también del mismo modo, para que el resultado final sea el que hayas estipulado.

Los procesos deben estar documentados

Tener los procesos puestos por escrito es casi la condición más importante de todas. Pues sólo si tienes todas las condiciones y pasos documentados y en el orden correcto podrás estar seguro que se van a realizar según tus indicaciones.

Los procesos deben poder ser repetibles

Crear un proceso sólo tiene sentido si de verdad este ha de realizarse repetidamente. Porque, aunque también es posible crear procesos para usarlos una o dos veces, antes habría que valorar detenidamente si de verdad merece la pena el esfuerzo de crearlo.

Los procesos deben ser medibles

Sólo si puedes medir los resultados de un proceso, podrás saber si el resultado es óptimo y si es posible mejorarlo de algún modo.

Los procesos deben ser fáciles de seguir

Si un proceso es complicado, demasiado largo o contradictorio, las personas que deban llevarlos a cabo no se sentirán motivados a realizarlos según se haya documentado y acabarán por no hacerlo o hacerlo a su criterio, lo cual no ofrecerá el mismo previsible resultado siempre.

 

Cómo se crean los procesos

Crear procesos en una empresa no es una labor sencilla. De hecho, para hacerlo verdaderamente bien, habrás de dedicar muchas horas a observar, implementar y hacer seguimiento una y otra vez hasta obtener el resultado que tú esperas. Y eso, con cada uno de los procesos.

También es verdad que hay procesos que son casi estándar, pero como cada empresa es un mundo, al final siempre hay modificaciones posibles, por lo que copiar lo que hacen otros no es una opción plausible.

Para crear un proceso, lo primero que has de hacer es identificar cuál es esa tarea que se realiza de manera repetida, y tras observar con detenimiento cómo se está ejecutando en la actualidad, responderte a ti mismo a, como mínimo, la siguiente serie de preguntas:

 

¿Cuál es el trabajo que hay que realizar?

Se trata de resumir de la forma más clara y simple qué es lo que hay que hacer.

¿Cuál es el resultado que se espera una vez finalizado el proceso?

Debes dejar muy claro cuál es el objetivo del proceso y cuál es el resultado que deben obtener aquellos que lo ejecuten hasta el final.

¿Qué herramientas, equipos, etc, son necesarias?

Deberás determinar si es necesario utilizar algún tipo de herramienta, aplicación, etc, para realizarlo.

Es interesante en este paso aclarar también cómo podrían realizarlo para el caso en que la herramienta necesaria no esté disponible.

¿Cómo debe hacerse el trabajo?

Lista paso a paso cada una de las subtareas a realizar, dando el orden exacto para ello.

Lo ideal es presentarlo en forma de diagrama de flujo, aunque sí o sí deberá estar la explicación por escrito que aclare posibles dudas.

¿Dónde debe realizarse el trabajo?

Para el caso en que se deba ejecutar en un lugar específico.

¿Quién debe realizar el proceso?

Indica qué tipo de trabajador, o si es uno en concreto, deberá ejecutar el proceso. Y también qué cualidades, habilidades o conocimientos debe tener.

¿A dónde irá el resultado obtenido una vez haya finalizado el proceso?

Puede que el destino sea el almacén, el escaparate, el archivo, etc. O que haya que entregárselo a un departamento o persona en concreto para que continúen con ello.

¿Quién será el responsable y controlará el trabajo?

Definir quién será la persona que deberá revisar que el proceso se realiza según esté estipulado, que será también a quien se deba dirigir el que esté ejecutándolo para el caso en que haya dudas o problemas.

¿Cuándo ha de hacerse el trabajo?

En qué momento del día, la semana, o el mes debe ser realizado. O también si debe iniciarse como resultado de una etapa anterior.

¿Cuáles son las condiciones en que debe realizarse el trabajo?

Debes determinar qué circunstancias se han de dar para que se pueda o deba realizar el trabajo. Puede que el local deba cumplir unas determinadas condiciones (por ejemplo…si llueve…), o los clientes, o los compañeros, etc.

¿Cuánto tiempo ha de usarse para ejecutar el proceso?

Para que un proceso cumpla con su función, éste debe tener un tiempo máximo para su ejecución, y has de determinarlo con antelación para que quien lo deba realizar actúe dentro de ese parámetro.

 

Además de estas, es posible que dependiendo de las circunstancias de tu empresa, del servicio o del producto, hayas de incluir más preguntas, como por ejemplo: ¿cuál será la cantidad que se pague a quien realice el proceso? o ¿cuál es el coste unitario del proceso?

 

En qué beneficia a tu empresa funcionar mediante procesos

Los beneficios estoy seguro que ya los has pensado tú mismo, pero aún así voy a darte los que quizá resulten más a tener en cuenta:

 

Porque acorta los tiempos de ejecución de tareas

Imagina por un momento que cualquier tarea que se debiese realizar en tu empresa dispone de un listado de pasos claramente definidos y en el orden concreto, que explican cómo, cuándo y quién debería realizarla, además del tiempo que deberían tardar en ello.

Casi que podrías plantearte que ni siquiera fuera necesario que fueses a trabajar cada día, ¿no?

 

Porque mejora la calidad

Realizar las tareas siempre del mismo modo exacto, te asegura que la calidad del resultado sea siempre la misma que la que hayas estipulado con antelación.

 

Porque reduce los costes

El simple hecho de acortar y mantener estables los niveles de calidad, los tiempos de ejecución y los materiales a utilizar, te permite con facilidad hacer previsiones y estudiar modos de mejorarlos y reducirlos.

 

Porque delegas con mayor tranquilidad y confianza

Si todo lo que hay que hacer está claramente definido en un documento, te asegura casi al 100% que el resultado será el que hayas previsto, por lo que delegarlo no te supone ningún tipo de estrés por la tranquilidad de saber que si siguen los pasos descritos, el desenlace será el esperado.

 

Porque ahorras tiempo tú y los responsables de los procesos

Al no tener que estar pendiente constantemente te (os) libera de un tiempo precioso que puedes utilizar en tareas más importantes, o simplemente para poder llegar antes a tu casa.

 

Cuál es el mejor momento para crear procesos en tu empresa

Ayer. Y si no pudo ser, hoy.

Pero partiendo de la premisa de que disponer de procesos en la empresa es algo bastante importante, lo cierto es que no hay un momento más adecuado que otro para hacerlo. Quizá lo ideal siempre sería hacerlo desde el principio e ir actualizándolos y mejorándolos a medida que fuesen surgiendo las pegas.

Ten en cuenta, que cuanto antes crees los procesos, antes podrás libérate de determinadas funciones y dedicarte a crear nuevos procesos, investigar o gestionar la estrategia de tu empresa.

Si aún no has empezado, lo primero que habrías de hacer es crear una lista con todas las cosas que hacéis en tu empresa de manera repetitiva, y siguiendo las indicaciones básicas que te he expuesto, comienza ya a crear tus primeros procesos.

Si tienes empleados o equipo a tu cargo, reúnelos y hazlo junto con ellos, pues al involucrar a los participantes activos, será más rápido y fácil de hacer.

 

Conclusiones

Existen múltiples estudios que dicen que el 70% de las franquicias que hay en el mercado tienen éxito. Y aunque es verdad que unas lo hacen mejor que otras, te aseguro que prácticamente todas funcionan en base a procesos.

Así que creo que no necesitas más datos que te demuestren que sistematizar tu empresa mediante procesos es la mejor decisión que puedes tomar en este momento.

Y aunque está claro que no es un trabajo fácil y rápido de hacer, al final los resultados te darán la satisfacción suficiente como para cubrir el esfuerzo realizado.

 

Y hasta aquí la entrada de hoy. Si crees que la información que aporto podría ayudar a más gente, échame una mano a hacérsela llegar compartiéndola en tus redes sociales.

Te invito además a que me dejes un comentario y me cuentes tus experiencias con la creación de los procesos en tu empresa.

 

Hasta la próxima.

Por qué fracasan los negocios

Fracaso en negocios

Creo firmemente que todos los que decidimos en algún momento abrir una empresa, lo hacemos con el total convencimiento de tener éxito.

Pero son tantos los motivos que pueden hacer fracasar un negocio, que independientemente de la experiencia que tengamos, el riesgo siempre está ahí. Y más aún si se es emprendedor novato.

Así que he pensado que estaría bien que repasásemos algunos de esos motivos que pueden hacer fracasar un negocio, para al menos, saber en parte a qué hay que atenerse

Algunos de ellos los he vivido yo en mis propias carnes o los he visto padecer a compañeros o amigos. Y el resto simplemente forman parte de la estadística que los pone en los puestos más altos de los motivos que hacen fracasar un negocio.

 

LA BASE DEL FRACASO: TENER MOTIVOS EQUIVOCADOS PARA INICIAR EL NEGOCIO

Antes de entrar de lleno a los motivos que llevan un negocio a su fracaso, quiero hacer una reflexión sobre la que podría perfectamente pasar por la principal razón del fracaso: equivocar los motivos por los que iniciar una empresa.

Es algo a lo que no es normal prestarle atención, especialmente porque no se suele tener conciencia de ello. Nadie lo piensa.

Pero si te fijas, estos son los 3 motivos más corrientes por los que alguien monta una empresa:

  • Para ganar más dinero que el que gana como empleado
  • Para dejar de tener un jefe que le esté mandando constantemente
  • Porque está en paro y no encuentra ningún empleo que le satisfaga

 

Mirándolo desde un punto de vista muy básico, podríamos decir que aquellos que montan una empresa según cualquiera de estas razones, habrán triunfado. Pues dejan de tener un jefe que les mande, se crean un empleo que les satisface y casi con toda seguridad ganarán más dinero que trabajando por cuenta ajena.

Sin embargo, la realidad demuestra que estas no son las mejores razones para montar un negocio. Pues debido a la falta de preparación y experiencia como empresarios lo que hacen es caer en una trampa de la que es muy difícil salir.

El error que cometen estas personas es el de creer que por ser expertos en la parte técnica de la profesión que tienen, ya pueden crear una empresa. Se olvidan que un negocio es muchísimo más que la parte técnica del trabajo.

Los verdaderos emprendedores sólo crean una empresa con el fin de vivir un estilo de vida que les llene.

 

LOS MOTIVOS MÁS HABITUALES QUE HACEN FRACASAR UN NEGOCIO

Y ahora sí, una vez que hemos visto que montar una empresa no es un juego de niños, aunque muchas veces    -sobre todo por falta de experiencia- quien decide crearla se lo toma como si lo fuera. Vamos a ver cuáles son esas razones más comunes que hacen fracasar un negocio.

Lo que vamos a ver a continuación no sigue ningún orden concreto, porque aunque lo lógico quizá habría sido hacerlo por las más comunes, la verdad es que no he logrado encontrar en ningún lugar una estadística lo suficientemente fiable.

Y aunque algunas parezcan muy obvias, por experiencia te digo que cuando estás en medio del meollo, las cosas se ven de otra manera.

Vamos con ellas:

 

Falta de experiencia del propietario en la gestión y dirección de empresas

Este es de esos motivos que son muy difíciles de superar, pues o bien adquieres experiencia a base de prueba-error -como hemos hecho la mayoría- o bien te buscas un mentor que te acompañe y te asesore durante un tramo del camino.

Lo cierto es que existen muy pocas opciones en el mercado para que los emprendedores se puedan formar para dirigir su propio negocio.

 

No se ha creado un Plan de Acción, o el que hay no se está siguiendo

El Plan de Acción es el mapa que indica qué camino ha de seguir la empresa para lograr el éxito. Y sin embargo, la grandísima mayoría de los empresarios no lo tienen, o sólo lo tienen en su cabeza.

Claro, que para tenerlo, primero se tiene que tener muy nítido qué se quiere conseguir y cómo se quiere conseguir. Y no todos se han parado siquiera a pensarlo.

La cuestión es que sin un Plan de Acción puesto por escrito y bien cerca del empresario, es muy difícil seguir un camino y tomar decisiones en base a algo meditado previamente.

 

El propietario no tiene su propia visión personal

Esta razón no es muy de extrañar, porque de hecho, la grandísima mayoría de las personas no tienen una visión personal y no se han parado nunca a pensar qué es lo que en realidad quieren en la vida.

Y por supuesto, si alguien no sabe qué quiere para sí mismo en la vida, ¿cómo se puede pretender que dirija un negocio hacia un lugar en concreto?

Este es de esos motivos de fracaso que llegan aunque el negocio esté aportando beneficios suficientes. Pues el empresario se suele aburrir porque su empresa no le llena nada y deja de prestarle atención, si es que alguna vez se la prestó.

Es importante tener presente que un negocio no es más que un vehículo para que su propietario logre algo. Y si ese algo no se tiene claro, da igual lo bueno que sea el vehículo, pues no llegará a ningún destino.

 

Falta de capital o fallar al presupuestar

Es de los más comunes con diferencia, ya que se suele pecar de optimismo al calcular la facturación, pensando además que los costes serán menores de lo que son en realidad.

Los resultados económicos de una empresa son los que determinan el acierto del empresario.

El empresario no tiene porqué ser contable, pero sí tiene la «obligación» de entender y seguir constantemente los datos financieros de su empresa. Y ser todo lo pesimista y austero que pueda, sobre todo al principio.

 

No se conoce el sector en el que se está

Es más habitual de lo que se cree que alguien monte una empresa aún sin conocer el mercado en el que se va a meter. Y suele ser debido a que de cualquier forma, se ha pensado que sería una grandísima oportunidad hacerlo.

Pero no conocer o no tener suficiente experiencia en el sector en el que se ha creado la empresa es uno de los grandes errores que hacen que una empresa fracase, pues se ha de competir con quien sí que la tiene y eso resta posibilidades.

 

Elegir mal el cliente objetivo

Cuando no se tiene experiencia en la gestión de empresas -y muchas veces aún teniéndola- se suele cometer el error de pensar que el producto o servicio que se representa se le puede vender a todo el mundo.

Intentar vender a  todo el mundo es la mejor manera de no conseguir vender a nadie. Y sin ventas, no hay negocio.

Todas las personas y empresas son distintas. No es lo mismo un hombre que una mujer o un niño. Ni tampoco que sea joven o sea anciano.

Si no se tiene definido al extremo a quién se quiere -o puede- vender los productos, es muy difícil ejercer el esfuerzo necesario.

 

Falta de información sobre la competencia

A la competencia hay que conocerla tan bien como se pueda. Hay que investigarla y hacerle seguimiento constante. Pues sólo si se entiende por qué los clientes le compran, se podrán poner en práctica acciones para mejorar y atraer más clientes.

No se puede salir al campo de batalla sin conocer perfectamente al enemigo

 

Dependencia de determinadas personas en la empresa

Cuando una empresa depende de personas, ya sea del mismo propietario o de cualquier otro trabajador, es una empresa destinada al fracaso, pues tener dependencia de cualquier cosa debilita.

Puede que sea necesario depender de una serie de cualidades o características, pero no es posible depender de una persona específica, ya que  si ésta enfermase o decidiera marcharse, la empresa se habría acabado.

La razón principal que hace que las grandes empresas triunfen es gracias a que dependen de procesos y sistemas. En cambio los pequeños negocios, especialmente los que fracasan, dependen de personas.

 

El propietario está centrado en la parte técnica de la empresa, dejando de lado la parte estratégica

Los falsos emprendedores son los que suelen caer con mayor probabilidad en este motivo de fracaso, debido principalmente a haber creado la empresa por alguno de los motivos equivocados descritos anteriormente.

Y es que el propietario, ya sea porque no sabe cómo hacerlo o porque simplemente nunca fue su idea, limita el crecimiento de la empresa a lo que sus posibilidades reales son capaces de dar.

Sin embargo, con esta situación lo que realmente consigue es convertir su empresa en un tirano auto-empleo que lo tiene esclavizado, no permitiéndole faltar ni siquiera por enfermedad, y ya no hablemos de ir de vacaciones.

Al final, el hartazgo del empresario le lleva a querer cerrar el negocio y buscarse un empleo por cuenta ajena, pues así al menos tendrá tiempo para sí mismo y para su familia.

 

Errar en la ubicación de los locales

En este error se cae cuando no se tiene claro quién es el cliente al que se le quiere vender o bien cuando no se tiene dinero suficiente.

Hay que ser realista y coherente con la idea que se tenga del negocio. Pues no serlo es lo que puede llevar a un empresario a abrir una tienda de chucherías a las afueras de la ciudad y junto a un geriátrico.

 

Depender de un solo gran cliente

Error habitual entre las empresas que se crean solo para atender las necesidades de un cliente importante que va a dar suficiente trabajo como para mantener la empresa creada e incluso dar beneficio.

Se suele intentar buscar nuevos clientes que amortigüen el riesgo tan elevado que se tiene. Pero la realidad es que en el día a día no es tan fácil hacerlo.

Si el cliente principal decidiese cambiar de proveedor, se estaría destinado al cierre.

 

Falta clara de un motivo diferenciador

Si se es uno más de entre el montón, puede que se venda, pero también puede que no.

Si no se tiene un motivo diferenciador de la competencia, lo suficientemente importante como para que los clientes puedan optar por uno, se deja de tener control y se pasa a depender de la suerte.

 

Problemas con los socios

No dejar claro desde el primer momento cuál es el rol y las condiciones de cada socio, es uno de los principales motivos de fracaso de un negocio.

Yo no soy partidario de tener socios, sin embargo acepto que en ocasiones no hay más remedio que tenerlos si se quiere llevar adelante un negocio. Pero sólo funcionará si están meridianamente claras y por escrito todas las condiciones y posibilidades de funcionamiento. Y por supuesto, si sólo hay un jefe.

 

Mala gestión de pagos y cobros

No será la primera empresa que tiene que cerrar porque no puede pagar a sus proveedores, aunque el negocio vaya genial y se esté ganando dinero.

Y es debido a la equivocada gestión de pagos y cobros que se está realizando. Pues si por ejemplo, se cobra a 90 días y se paga a 30 días, se habrá de tener mucho dinero de reserva para que la caja no se resienta.

 

CONCLUSIÓN

Equivocarse a la hora de gestionar un negocio, sobre todo cuando no se tiene experiencia, es demasiado fácil. Sin embargo sólo si uno se arriesga tiene verdaderas posibilidades de éxito, más aún si tenemos en cuenta que los negocios que más probabilidades tienen, son los que se han creado con la intención de que su propietario pueda vivir un estilo de vida deseado.

Y recuerda que los negocios basados en pelotazos, productos maravillosos o la suerte, son los que más fácilmente pueden caer.

 

Y hasta aquí la entrada de hoy, que espero que al menos te ayude a prestar atención a los motivos que a otras personas les ha costado el fracaso de su negocio.

Si crees que la información es suficientemente interesante y podría ayudar a otras personas, échame una mano y compártela en tus redes sociales.

Te invito además a que me dejes un comentario y me digas qué piensas de lo escrito o me aportes tus ideas o pensamientos.

 

Hasta la próxima.

Cómo evitar las urgencias en tu empresa

Como evitar las urgencias en la empresa

Si tú eres como la mayoría de los empresarios, una importante parte de tu jornada laboral la pasarás gestionando urgencias, o dicho de un modo más coloquial, «apagando fuegos».

Esto no sería un problema si tuvieses vocación de bombero, pero cuando tu trabajo consiste en dirigir una empresa, gestionar urgencias constantemente es totalmente antiproductivo.

Así que he pensado que puedo darte mi visión por si pudiera ayudarte a que tu día a día en la empresa esté lo más alejada posible de las urgencias.

Pero antes que nada, vamos a definir qué es exactamente una urgencia en tu empresa:

Una urgencia es cualquier circunstancia que, directa o indirectamente, tiene una fecha tope para su ejecución, y que se mide en base a lo cerca que esté esa fecha límite.

 

POR QUÉ SE CREAN LAS URGENCIAS

Las urgencias aparecen por culpa de tus propias decisiones. Es decir, no hay nadie más responsable que tú de que te pases la vida gestionando urgencias. Y me explico…

Seguro que tu día a día estará plagado de constantes decisiones, cuyo resultado productivo dependerá en gran medida del acierto que tengas a la hora de elegir lo más adecuado a los intereses de tu empresa.

Dando por sentado, que lo que más interesa a tu empresa es cualquier cosa que la ayude a cumplir con los objetivos que hayas marcado. Es decir, lo importante.

Veamos antes de continuar cuál es la definición de importante:

Importante es aquello que te lleva directamente hacia donde tú quieres ir, y su valor se determina en base a los beneficios que te aporte una vez que lo hayas logrado.

La cuestión es que no siempre es fácil determinar qué es lo verdaderamente importante de entre todas las circunstancias que se te presentan. Y esto te puede llevar a tomar decisiones equivocadas o incluso a la indecisión, provocando casi siempre como resultado una urgencia.

Vivir en la urgencia es el resultado de no haber elegido la opción más importante en el momento preciso.

 

QUIZÁ EISENHOWER TE AYUDE

El general norteamericano Dwight D. Eisenhower creó un sistema con el que diferenciaba de una manera muy clara las 4 posibilidades que una circunstancia podía tener y con el que tomar una decisión respecto a su ejecución se tornaba mucho más simple.

Matriz Eisenhower

Estas 4 posibilidades son:

#1. Importantes y Urgentes

Que son las circunstancias que te llevan directamente hacia tus objetivos, pero que tienes que ejecutar lo antes posible para que no te genere un problema.

#2. Importantes y No Urgentes

Que son esas circunstancias que te llevan directamente hacia tus objetivos, pero que no es urgente realizarlas.

Esta es la base de la planificación de cualquiera que quiera obtener resultados productivos de verdad y a lo que deberías de dedicar la mayor parte de tus esfuerzos.

Cuanto más tiempo pases en este cuadrante, menos tiempo tendrás que pasar en los demás.

#3. Urgentes y No Importantes

Son circunstancias que no te van a ayudar nada a llegar a tus objetivos, pero que has de solucionar cuanto antes para que no te generen un problema.

Estas son esas cosas que es más interesante que las delegues y así no te quitan tiempo de lo que de verdad debe ser importante para ti.

#4. No Urgentes y No Importantes

Son esas cosas que ni te sirven para cumplir tus objetivos, ni tampoco pasaría nada si no las realizases.

Son ideales para realizarlas cuando tu nivel de energía está por los suelos, fuera de horario laboral, o directamente para desecharlas.

 

CÓMO EVITAR LAS URGENCIAS

El único modo real de evitar las urgencias es dedicando el 100% de tu tiempo a trabajar sobre lo que de verdad es importante. Porque cuanto más tiempo dediques a lo que sin duda te conduce al logro de tus objetivos, menos urgencias tendrás.

Si eliges lo importante eres tú quien maneja el negocio. Pero si eliges lo urgente, es el negocio el que te maneja a ti.

La explicación lógica es que si te concentras en lo que es importante para tus resultados y planificas para el éxito, será muy difícil que pueda aparecer una urgencia. Y en caso de que apareciera, sería casi con toda seguridad por un error tuyo a la hora de planificar.

Es probable que estés pensando que hay muchas urgencias que no se podrían evitar por muy buena y detallada planificación que se realice. Sin embargo debes plantearte que una parte de la planificación también lo es la previsión ante posibles problemas. Es decir, prevenir las urgencias.

En cualquier caso, te invito a que si se te ocurre una urgencia que una detallada planificación no podría evitar, me la indiques en los comentarios y debatimos sobre ello.

 

CONCLUSIONES

La conclusión es que nadie salvo tú puede decidir en cada momento qué es lo más acertado que puedes hacer para lograr aquello que quieres.

Pero lo que sí puedo decirte es que de alguna manera tú ya sabías antes de leer este artículo cómo puedes evitar las urgencias. Pero comprendo, porque lo he vivido antes, que a veces resulta menos duro -aunque sí más estresante- lidiar con las urgencias que tener que tomar el camino de lo importante, porque este es más duro y solitario.

Al final, si lo piensas con detenimiento, cuando de verdad tienes por delante una meta que te motiva en serio, actúas de una manera tal que es difícil que aparezcan urgencias. Porque puede que te equivoques al tomar una decisión, pero se suele solucionar mientras sigue siendo importante y mucho antes de que se convierta en algo urgente.

 

Y esto es todo lo que te sé contar sobre cómo evitar las urgencias en tu empresa, y por qué no, también en tu vida.

Si crees que es un tema interesante que podría ayudar a otros, échame una mano y ayúdame a hacérselo llegar compartiéndolo en tus redes sociales.

Te invito además a que, si te apetece, me dejes un comentario sobre este tema.

 

Hasta la próxima.

Cómo gestionar incompetentes (Parte 3)

Como gestionar incompetentes

Esta es la tercera y última entrada de la serie «Cómo gestionar incompetentes» en las que te estoy contando lo que supone para una empresa tener incompetentes en sus filas.

En la primera parte te conté cómo identificarlos y cómo detectarlos. Y en la segunda parte te hablé de los distintos modos de evitarlos. Que te invito a que les eches un vistazo, si te apetece, antes de continuar con esta tercera parte, y así podrás entender mejor algunos comentarios.

En cualquier caso, ahora te voy a explicar posibles soluciones que puedes tomar para el caso de que ya tengas algún incompetente entre tus filas, ya sean reales o sólo una percepción.

 

CÓMO SOLUCIONAR LA INCOMPETENCIA

Bueno, dando por sentado que existen altas posibilidades de que en una empresa van a existir incompetentes, reales o de percepción, y que éstos pueden llegar ya sea porque se han colado en la selección o porque los hemos convertido una vez que están ya dentro, lo único que podemos hacer es intentar solucionarlo, ¿no?

Y soluciones hay unas cuantas, pero de lo que se trata primero es de ser capaces de detectar si es un problema real o si solo nos lo parece. Y seguidamente intentar aplicar el que nos parezca más adecuado.

Piensa que bastante fastidio es ya tener que poner solución a cualquier problema, así que lo que hay que intentar es que el coste sea el menor para la empresa.

Así que veamos cuáles son estas posibles soluciones a los motivos que creo que pueden ser los principales o más habituales.

 

Motivo: En realidad no son profesionales del puesto que están ocupando

Esto puede ocurrir por muchas razones, o bien porque el trabajador es un conocido o recomendado, o porque está desesperado por encontrar trabajo y se agarra a cualquier puesto aunque en realidad está preparado para otras funciones.

Algo muy habitual también es que el trabajador esté sobrecualificado para el puesto y el entrevistador vea una oportunidad de poner en un puesto de categoría inferior un trabajador que por sus cualidades «debería» funcionar de maravilla.

Posible Solución: Está claro que quien deba hacer la selección debe tener muy claros los objetivos de la empresa y sobre todo los objetivos del puesto a cubrir. Así se podrían evitar la mayor parte de los errores comentados.

Pero si aún así se han cometido, la solución pasa por hablar con el trabajador y realizar esfuerzo en formación por ambas partes (trabajador y empresa), y también podría ser valorar la posibilidad de cambiarlo de puesto a uno más acorde a su realidad, pues no sería la primera vez que el trabajador más incompetente de una empresa se convierte en el más eficaz sólo por haber sido cambiado de puesto.

 

Motivo: No han recibido la formación adecuada o ésta fue escasa

Esto suele ser bastante habitual cuando la empresa contratante es pequeña o no está organizada con miras de crecimiento. Aunque también pasa cuando se ha dado por sentado que como el trabajador dice que sabe hacerlo en realidad sabe.

De todas formas suele ser verdad cuando el trabajador dice aquello de «esto a mí no me lo han enseñado», que como mínimo debería darte pistas de parte del motivo.

Posible Solución: Lo primero y más importante es que todos los puestos, desde el más básico y hasta el más importante, deben de tener una formación mínima suficiente como para que cualquier nuevo trabajador después de haberla realizado sea capaz de ejecutar sus funciones sin problemas.

Lo siguiente es no dar nada por sentado y que por muy profesional que sea el nuevo trabajador en las funciones a desempeñar, siempre hay que tener presente que en cada empresa es posible que se ejecuten las tareas con algunos cambios que el nuevo empleado no tiene por qué conocer.

 

Motivo: Falta de motivación

Los motivos pueden ser infinitos, desde problemas personales fuera del trabajo, hasta temas relacionados con sus compañeros, jefes, condiciones, etc.

Posible Solución: Parte importante de la labor de un jefe es ejercer un poco de psicólogo, y hay que escuchar al personal porque sólo así podemos descubrir su nivel de satisfacción.

Reúnete con él e intenta descubrir a qué se debe esa desmotivación, pues cuanto antes se solucione antes actuará el trabajador de forma más eficiente.

Valora la posibilidad de observar al responsable del trabajador e incluso a los compañeros para el caso de que el trabajador insista en que todo va bien. Pues podría ser que no hablase por miedo a represalias.

 

Motivo: El trabajador no tiene claras las funciones de su puesto

Lo más habitual es que quien lo ha seleccionado o formado ha dado por sentado que el trabajador había entendido perfectamente todo y no se ha preocupado de comprobarlo.

Ten en cuenta que muchas veces los nuevos trabajadores en su afán de parecer más «listos» o preparados, hacen ver que han comprendido cosas a la primera cuando en realidad no es así.

Posible Solución: Todos los puestos de trabajo deben tener un documento explicativo con las funciones específicas del mismo y cómo deben desarrollarse.

Y los seleccionadores, formadores o responsables directos del trabajador deben de haber confirmado que el trabajador entendió todo lo que tiene que hacer.

 

Motivo: El trabajador no tiene claros los parámetros que determinan la eficacia de su labor

Puede ocurrir que se le haya explicado perfectamente cuál es su labor, pero que nadie haya pensado en contarle qué se espera de él y cuales son los resultados mínimos que debe lograr en cada circunstancia de sus funciones.

Posible Solución: Al igual que en el punto anterior, debería haber un documento con la información necesaria de los resultados en cantidad, calidad y tiempo que debe lograr el trabajador. Pues si éste no sabe cuánto ha de hacer cualquier resultado le resultará suficiente y sin embargo a la empresa puede parecerle ridículo.

 

Motivo: Su responsable directo da órdenes confusas o erróneas

Esto es más difícil de identificar porque normalmente se da por sentado tanto la responsabilidad del responsable del trabajador como que tiene bien claros cuáles son los objetivos y resultados que se esperan.

Suele ser un problema de comunicación, en el que al trabajador no se le han dejado claros los parámetros de sus funciones y de los resultados que debe cumplir, porque de tenerlos se identificaría rápido el problema.

Y del mismo modo se puede haber omitido dar información al responsable sobre lo que se espera del trabajador.

Posible Solución: Es fundamental que los responsables de equipos tengan muy claras las condiciones de cada uno de los trabajadores a su cargo, sobre todo cuando no son ellos los que realizan la selección.

Hay que hacer seguimiento no solo de los trabajadores, sino también de los jefes y encargados. Pues todos son personas y también se pueden equivocar.

Debe ser habitual para una organización el hacer una valoración del responsable de un trabajador cuando éste da claros síntomas de ineficacia.

 

Motivo: Consideran que las condiciones laborales o económicas son injustas

La razón más habitual es que en la selección no se le dejó del todo claras las condiciones o se pasaron muy por encima.

Y también podría ser que por diversas circunstancias la empresa haya tenido que cambiarlas y el trabajador no esté de acuerdo.

Posible Solución: Primero de todo es revisar las condiciones que se ofrecen si es que el problema ocurre con muchos de los empleados.

Por lo demás, no hay muchas soluciones. Está claro que hay que explicar muy claramente las condiciones en el momento de la selección para que después no haya mal entendidos que acaben suponiendo costes extras para la empresa.

Se puede intentar hablar con el empleado y llegar a algún tipo de acuerdo de mejora de las condiciones de alguna manera. Ya sea en reducción de horarios, comisiones por objetivos o cualquier otro medio de mejora.

Y si tu postura es inamovible y la del trabajador también, sólo hay una opción…

 

Motivo: Creen que en realidad no se puede cumplir con lo que se les exige

Debido normalmente a que nadie le ha demostrado que es posible realizarlo, ni durante la formación, ni tampoco el mentor responsable del trabajador.

Esto también suele ser evidencia de que el trabajador no es todo lo profesional del puesto que se supone.

Posible Solución: La única solución pasa por demostrar que sí que se puede hacer. Y esto debería estar como norma en las formaciones.

 

Motivo: No son incompetentes pero su responsable hace que lo parezcan

Que ocurra esto suele ser debido a que el incompetente en realidad es el responsable.

Posible Solución: Como dije en un punto anterior, a los responsables también hay que evaluarlos periódicamente, pues las circunstancias pueden cambiar en cualquier momento para cualquier persona y el que hoy es perfecto como trabajador mañana puede ser un desastre.

Recuerda que un incompetente no tiene por qué ser un trabajador de base. También hay responsables que se anotan los logros de sus subordinados para ganar puntos ante sus jefes.

 

Motivo: Las herramientas que se le han facilitado no son las adecuadas

Más que inadecuadas suele ser que no sepa usarlas, que estén desfasadas, incompletas o rotas.

Posible Solución: Esta es de las fáciles ¿no?. Si el problema es que no sabe usarlas, me remito de nuevo a la formación.

Para lo demás, sólo queda hacer inversión y reponer lo necesario.

 

CONCLUSIÓN

Como conclusión sólo puedo desearte que nunca llegues a tener incompetentes en tu empresa, que intentes siempre aplicar las medidas necesarias para que todos los que formen parte de tu negocio sea gente capaz y dispuesta a dar lo mejor de sí mismos.

Y si tuvieses que llegar a poner soluciones en algún momento, no te lo tomes como un fastidio, percíbelo como un modo de mejorar para el futuro, pues todo en tu día a día forma parte del aprendizaje para el éxito.

 

Y hasta aquí esta serie de artículos que espero que te hayan servido o te puedan servir mucho algún día.

Si crees que esto podría servir para ayudar a más gente, échame una mano y compártelo en tus redes sociales.

Y si te apetece, déjame un comentario con tu punto de vista o tus experiencias al respecto, que estaré encantado de leerlo.

 

Hasta la próxima.

Cómo gestionar incompetentes (Parte 2)

Como gestionar incompetentes

Hace unos días publicaba la primera parte de este artículo sobre cómo gestionar incompetentes, en la que traté temas como: ¿Qué es un incompetente?, ¿cómo detectarlo? y a qué creo yo que es debida la incompetencia.

Si no lo has leído, te aconsejo que le eches un vistazo antes de continuar con esta segunda parte.

Porque sabiendo quienes son y cómo detectarlos, lo que tenemos que hacer es intentar por todos los medios que no lleguen a entrar en nuestras empresas, y así ya no habría nada que solucionar.

 

POR QUÉ CONTRATAMOS INCOMPETENTES

Esto es lo primero que tendríamos que preguntarnos. Y es ¿qué nos empuja a contratar incompetentes?

Yo encuentro 2 razones principales:

La primera y quizá más común es que nos la han colado en la entrevista de trabajo. Debido principalmente a la falta de rigor o de conocimientos a la hora de hacerla.

La segunda es menos bonita y tiene que ver con la falta de seguridad que tiene el empresario o el directivo de turno, que cree que si contrata personal altamente competente, éste se puede llegar a convertir en un peligro para él y quitarle el puesto. Sobre todo cuando el puesto a cubrir es un puesto directivo o clave.

En el caso del empresario, la falta de seguridad vendría por el miedo de este a que le perdieran el respeto al quedar en evidencia porque un simple trabajador sabe más que él mismo.

Aunque el empresario debería pensar que con el simple hecho de ser capaz de contratar gente más sabia que él,  lo que está demostrando es su alto nivel de competencia. Al fin y al cabo su trabajo consiste en hacer que su empresa sea la mejor y parte de eso se consigue con gente muy eficaz.

 

CÓMO EVITAR CONTRATAR INCOMPETENTES

El fin principal de cualquier empresa a la hora de contratar personal es que éstos generen lo suficiente como para cubrir su propio sueldo y permitan ganar a la empresa una parte.

Esto es idéntico para absolutamente todos los trabajadores aunque su trabajo no tenga nada que ver directamente con las ventas o los clientes.

Por lo tanto, y partiendo de esta base, tu trabajo a la hora de contratar personal debe ser como mínimo el cumplir con las siguientes consideraciones:

  • Determinar muy claramente qué beneficios esperas obtener de la persona que contrates para el puesto que pretendes que ocupe. Pues si lo sabes, elegir al candidato idóneo te va a resultar mucho más simple que si lo único que te preocupa es cubrir el puesto cuanto antes.
  • Asumir que gran parte del éxito de tu trabajo como empresario consiste en que seas capaz de rodearte del equipo de personas más competente posible. Y esto es indistinto de si dominas o no la labor que éstos deben ejecutar.
  • Tener bien presentes tus objetivos comerciales, así como la misión y la visión de la empresa. Pues si tienes claro a dónde vas, te será más fácil determinar el tipo de gente que necesitas a tu lado para llegar antes.
  • Asegurarte que de verdad es un profesional. Y aunque esto es difícil si el puesto que debe cubrir tú no lo dominas, has de intentar al menos informarte de lo básico y utilizar tu intuición para determinar si la persona que tienes delante sabe de lo que está hablando o no.

En definitiva, lo fundamental es que te prepares las entrevistas de trabajo lo mejor que puedas y evites dejar nada al azar, especialmente los detalles más importantes.

Y para los casos en que tengas mucha prisa y no te puedas permitir hacer una selección como marcan los cánones, te pido que reflexiones y pienses que el coste de no hacerlo correctamente podría suponer a futuro el tener que despedir a un trabajador mal seleccionado.

Como mínimo serían los siguientes:

  • Los costes económicos del despido (seguramente improcedente)
  • El coste económico de las nóminas que has pagado a alguien por no hacer su trabajo todo lo bien que esperabas.
  • El coste económico y de tiempo que tendría el tener que volver a hacer de nuevo la selección.
  • El coste económico y de tiempo de tener que volver a formar a un nuevo trabajador.

Y estos son sólo algunos de los costes de no haber hecho bien algo tan importante como la selección de personal. Y es independiente de si el puesto a cubrir es el de un directivo o el del chico de los recados.

Ahora calcula todos estos costes y compáralos con lo que habrías perdido si hubieses hecho una selección de la manera correcta. Que me apuesto lo que quieras a que son muchísimo menores.

 

EVITAR LA INCOMPETENCIA ANTES DE QUE ESTA PUEDA OCURRIR

Una vez visto posibles soluciones a los problemas de incompetencia más habituales, lo que nos queda por analizar es cómo se podría intentar evitar la incompetencia antes de que aparezca, para así no tener que perder el tiempo en tener que solucionarla.

Porque está claro que tu trabajo consiste en lograr que tu empresa funcione cada vez mejor y que cumpla con los parámetros que hayas decidido de una manera excelente y constantemente.

Y para ello dependes casi totalmente de que tu personal sepa desempeñar sus funciones con eficacia, actitud positiva y motivación.

Pero no puedes pretender que salga de ellos que esto se cumpla tal cual. Debes ser tú quien lidere el éxito y marque las pautas que deben seguir.

Lograrlo pues, depende de que implementes una serie de acciones que harán que tu vida como empresario sea mucho más fácil y de paso darás a tus empleados la tranquilidad de poder ser más eficaces sin que tengan que ser ellos quienes se rompan la cabeza para descubrir cómo han de hacerlo.

Has de ser tú quien les marque paso a paso cómo han de lograr ser lo eficaces que tú quieres que sean.

Algunas de las implementaciones podrían ser:

 

Crea formaciones

Para cada uno de los puestos y que éstas sean lo suficientemente completas y detalladas. Piensa que la formación es imprescindible para el buen desempeño de cualquier función. Así que cuanta más formación haya y mejor sea ésta, mejores serán los resultados.

 

Crea manuales de procedimiento

Que faciliten a tu personal no tener que pensar cómo deben ejecutar cada tarea, pues esto estará detallado paso a paso. Y así ante cualquier duda podrán dirigirse a estos documentos para saber cómo deben actuar según la circunstancia que se les presente.

Lo ideal es que el trabajador no debiese tener que interpretar nada, que estuviese todo en el manual tan claro que cualquier persona pudiera ser capaz de seguirlo sin tener que cumplir con ninguna cualidad especial.

Demuestra que se puede lograr todo aquello que exiges a cada trabajador. Y hazlo desde el primer momento.

 

Realiza evaluaciones de desempeño periódicas

Que aunque en un primer momento pueda parecer un coste elevado para la empresa, a medio-largo plazo será una parte fundamental para ayudarte a mejorar los procesos y los servicios que ofrecéis.

Además, a los trabajadores les ayuda porque al saberse controlados dan más de sí.

 

Deja meridianamente claros qué resultados se esperan para cada puesto

Haz pública en tu empresa la visión y los objetivos, pues esto facilitará el entendimiento del trabajador en cuanto al trabajo que ha de desempeñar.

 

Evita sobrecargar de trabajo a los empleados

Mide las posibilidades de los resultados en base al tiempo necesario y a la calidad deseada. Y si has de hacerlo por motivos puntuales del mercado, hazlos partícipes de la situación.

 

Crea un diario de errores para cada empleado

Anota en él qué errores ha cometido cada uno, cuándo ha ocurrido y qué impacto negativo (da una valoración según tus propios parámetros) ha tenido para la empresa.

Es posible que esto te pueda parecer algo morboso, pero te aseguro que es algo que te puede servir de mucha ayuda tanto para mejorar como para el caso en que tuvieses que «negociar» con un empleado un posible cambio en sus condiciones o incluso su salida de la empresa.

 

Evita caer en el Principio de Peter

Que es ese que dice que promocionar aun excelente empleado a un puesto superior sólo porque es muy bueno en lo que hace, puede provocar que pierdas al excelente empleado y a cambio consigas a un responsable pésimo.

Y es que un trabajador puede ser experto en su profesión, pero esto no quiere decir que por conocer al dedillo cómo se debe ejecutar sepa también cómo organizar y dirigir equipos, solventar disputas, liderar, etc.

Si tu intención es premiar al trabajador con un ascenso, antes asegúrate de que será capaz de realizarlo con un mínimo de eficacia. Y si no lo fuera o dudases fórmalo. Dedica esfuerzos a mejorar sus conocimientos para que pueda desempeñar lo mejor posible su nuevo empleo. Así ambos ganaréis.

 

CONCLUSIÓN

Hasta ahora hemos visto que un incompetente no lo es necesariamente por su culpa, y es que hay muchas circunstancias que pueden hacer incluso que un trabajador eficaz pueda parecer todo lo contrario.

Hemos visto también cómo intentar evitar que puedan llegar a entrar en nuestras empresas y cómo deberíamos hacerlo para «blindarnos» de alguna manera para que ni entren ni los convirtamos, si es que no lo eran, una vez que los tenemos contratados.

Al final como ya he dicho en algún momento, buena parte del trabajo de un empresario consiste en lograr que su empresa sea la mejor y para ello necesita que la gente que la forma también lo sea.

Ahora ya sólo falta que veamos cómo intentar solucionarlo para el caso en que se nos hayan colado en la selección o hayamos cometido errores que hayan convertido a posibles buenos trabajadores en personas ineficaces para nuestra empresa.

Pero esto lo veremos en la tercera y última parte de esta trilogía de gestión de incompetentes.

 

De momento lo único que te puedo pedir es que si consideras que la información que te doy podría ayudar a otras personas, échame una mano y compártelo en tus redes sociales.

También te invito a que dejes un comentario y compartas tu manera de ver este tema tan habitual en las empresas.

Hasta la próxima.

Cómo gestionar incompetentes (Parte 1)

Como gestionar incompetentes

En una de las etapas de mayor estrés de mi vida como empresario olvidé uno de los principios más importantes que debes tener en cuenta si diriges un negocio, y es que tú eres el único responsable de todo lo que te pasa. Y empecé a decirme a mí mismo, y alguna vez incluso también en voz alta, que estaba rodeado de incompetentes.

Estaba tan convencido de mi mala suerte a la hora de contratar personal, que si hubiese existido un concurso de contratación de incompetentes yo habría ganado con total seguridad.

Sin embargo yo no podía quedarme así. Por lo que empecé a contactar con otros empresarios conocidos para saber si a ellos también les pasaba esto.

Y ¡sorpresa! ellos también tenían el mismo problema. Lo cual me concedió una especie de alivio, pues me demostraba que el malo no era del todo yo, eran los empleados que estaban faltos de profesionalidad y lo único en lo que pensaban era en la hora de salir del trabajo y en ganar cuanto más dinero mejor.

Estaba más que claro que todos los buenos profesionales ya estaban contratados por empresas mejores que la mía y me iba a ser muy difícil conseguir alguno.

Así que mi única opción era conformarme con lo que me había tocado e intentar por todos los medios que la incompetencia fuera lo menos dura posible.

 

EL LIBRO QUE ME REVELÓ LA HIRIENTE REALIDAD

Pero si hay algo que me caracteriza es que no suelo conformarme con lo que me toca y busco siempre el modo de mejorarlo. Así que me puse a investigar por internet en busca de soluciones a la incompetencia de mi personal.

La respuesta la hallé bastante pronto, y fue a través de un libro titulado «Gestión de incompetentes» escrito por Gabriel Ginebra.

El libro en sí no me dio la solución al que yo creía que era mi problema. De hecho he de ser sincero y reconocer que apenas recuerdo lo que decía. Pero lo que sí consiguió ese libro fue abrirme los ojos y hacerme ver el asunto desde un punto de vista muy distinto.

De hecho fue bastante impactante la reflexión que en él encontré y que aparecía en las primeras páginas, dándome como resultado un vuelco a mi realidad.

Decía algo parecido a esto: «El empleado puede que sea un incompetente, pero mayor incompetente es si cabe aquel que lo haya contratado y muchísimo más el que aún viéndolo como incompetente lo mantiene en la plantilla».

Es decir, que en realidad los incompetentes no eran mis empleados sino que lo era yo por haberlos contratado, o por no despedirlos aún pensando que lo eran.

Automáticamente dejé de percibir a mis empleados como los mayores incompetentes del mundo. Ahora existía otra posibilidad no valorada en ningún momento.

Debo decirte que en mi vida de empresario han existido unas cuantas cosas que me han marcado, pero esta sin duda ha sido de las que más profundamente lo han hecho. En apenas unas frases había pasado de ser un proyecto de buen empresario a ser un incompetente.

Así que mis prioridades acababan de cambiar de golpe. Ahora ya no tenía que preocuparme por la incompetencia de mis empleados, ahora lo que tenía que hacer era solucionar la mía propia.

Y desde entonces, cuando alguno de mis empleados cometía una falta a la eficacia, ya no pensaba que no sabía trabajar, sólo era capaz de pensar en qué había hecho yo mal, en qué me había equivocado para que aquel trabajador no hubiese ejecutado sus tareas tal cual yo creía que debía hacerlo.

 

DEFINAMOS QUÉ ES UN INCOMPETENTE

Si tu te encuentras en la misma situación que yo me encontré entonces, no te vengas abajo con esta dolorosa realidad, porque aunque los empresarios seamos unos incompetentes por contratar y mantener incompetentes, lo único que de verdad demuestra eso es que sí que existen los incompetentes.

Así que si de lo que se trata es de evitar contratarlo o de quitárnoslos de encima si ya los tuviésemos entre nuestras filas, primero habremos de definir lo mejor posible qué es un incompetente para no cometer más errores.

Y es que definiciones de incompetente hay unas cuantas, pero la que yo considero más acertada es la siguiente:

«Un incompetente es aquel que es incapaz de lograr los resultados previamente establecidos bien en cantidad o bien en calidad».

Caray, sólo la definición ya demuestra que trabajadores con esas características existir existen. Sin embargo hemos de prestar especial atención a esa parte de la definición que dice: «previamente establecidos», porque no podemos señalar a nadie cono ineficaz si antes no le hemos dejado totalmente claro cuál es el resultado que esperábamos que obtuviese.

Pero bueno, ahora que ya tenemos claro qué es un incompetente, vamos a ver cómo detectarlos sin miedo a equivocarnos.

 

CÓMO DETECTAR A LOS INCOMPETENTES

Está claro que si hemos de intentar detectarlos es porque existen sospechas de que los hemos contratado. Y si no lo eran cuando los contratamos es probable que se hayan convertido estando ya en nuestra empresa.

Al final da igual, pues de lo que se trata es de identificarlos y erradicarlos. Porque el éxito de nuestras empresas depende en gran medida de que nuestro personal sea lo más eficaz posible.

Así que a continuación te voy a indicar cuáles son las principales características que delatan a un incompetente:

 

Son escaqueados

No están nunca en sus puestos de trabajo cuando vas a verlos o los llamas. Siempre tienen algún motivo para no estar. Ya sea porque han salido a desayunar o han ido a por café -otra vez-, o salieron a fumar o a hacer fotocopias o es que recibieron una llamada privada importante… Sea como sea la cuestión es que no están donde deberían estar.

Culpan a los demás de sus errores

Pase lo que pase, si eso tiene que ver con su falta de eficacia, puedes estar seguro que alegarán que la culpa es de una tercera persona o de un ente superior que ha hecho que se le escape de las manos.

Niegan sistemáticamente lo evidente

Da igual lo claro que esté el error, el escaqueo o la falta de eficacia, porque lo van a negar siempre.

Nunca dan la cara

No asumen su responsabilidad como trabajador. Y esto es mucho más evidente cuando el trabajador en cuestión tiene personal a su cargo.

Son especialistas en desviar la atención

Cuando se sienten acorralados es espectacular la facilidad que tienen para tirar piedras a los tejados de los vecinos con el fin de desviar nuestra atención hacia otro lado y dejemos de fijarnos en ellos.

Dan imagen de profesionales en exceso

Se disfrazan de súper competentes para disimular la falta de competencia. Suelen alardear de lo mucho que saben y de lo bien que hacen las cosas.

Se anotan tantos que no son suyos

Suelen ser muy hábiles haciéndonos creer que han sido ellos los artífices del buen resultado de la tarea o proyecto que se estuviese ejecutando. Y esto es especialmente notable cuando el incompetente es un jefe.

Siguen mal las instrucciones más simples

Les cuesta seguir los procesos estipulados aludiendo no estar de acuerdo con ellos y criticando a sus superiores con frases del estilo: «el jefe no tiene ni idea…»

Siempre están preocupados porque creen que van a ser despedidos

Están hasta paranoicos pensando que están constantemente en el punto de mira y que van a ser los próximos despedidos. Y desde luego lo consideran una injusticia.

 

¿A cuántos conoces que cumplan alguna o varias de estas características? Seguro que a más de uno.

Sin embargo no te emociones y vayas a hacer una escabechina porque ésta no es una ciencia exacta. Asegúrate de que cumplen con varias de las características, y antes de tomar medidas medítalo bien.

 

A QUÉ SE DEBE LA INCOMPETENCIA

Ya sabemos qué es un incompetente y cómo detectarlo, pero también debemos entender a qué se debe que lo sean, porque sólo si conocemos los motivos que la provocan podremos poner soluciones.

Piensa que puede que la incompetencia la hayamos generado nosotros con nuestros propios errores o debido a las circunstancias de nuestra empresa. Incluso en muchas ocasiones los trabajadores realmente no son incompetentes aunque lo parezcan.

Mi opinión en cualquier caso, es que antes de ponernos a despedir a nadie debemos estar convencidos que es un problema del propio trabajador y no uno provocado por nuestra culpa.

Por eso, a continuación te voy a listar algunos de los motivos que podrían crear incompetencia en un trabajador:

  • En realidad es que no son profesionales del puesto que ocupan
  • No han recibido la formación adecuada o ésta fue escasa
  • Les falta motivación
  • No tienen del todo claras las funciones del puesto que ocupan
  • No tienen claros los parámetros que determinan la eficacia en su labor
  • Su responsable directo da órdenes confusas o erróneas
  • Las condiciones laborales les parecen injustas (sueldo, horarios, etc.)
  • Creen que en realidad no se puede cumplir lo que se les exige
  • No son incompetentes, pero su responsable directo hace que lo parezcan
  • Las herramientas con las que trabajan no son las adecuadas

Como te digo son solo algunos motivos, aunque seguro que a ti se te ocurrirán algunos más. Y practicamente todos pueden haber sido causados por nosotros mismos como verás en la segunda parte de este artículo.

 

CONCLUSIÓN

Al final, como ya he dicho anteriormente, nuestra empresa depende mucho del personal que tengamos, y tener algunos que no cumplen con nuestras exigencias de eficacia es más que factible por muy bien que hagamos nuestro trabajo.

Sin embargo es posible que en realidad el trabajador no sea ineficaz, pues podría pasar que en nuestro ánimo por hacer que nuestra empresa sea la mejor, nos convertimos en unos exigentes e inconformistas «tiranos» a los que es difícil seguir el ritmo.

Por eso te animo a que, si bien no todo el mundo va a estar igual de involucrado que tú en la empresa, sí que pongas todo de tu parte para evitar la incompetencia. Y si ya es tarde, pon en marcha sistemas de erradicación, pues al fin y al cabo de eso dependerá parte del éxito de tu empresa.

 

Ahora que ya sabes detectarlos, si te parece y, mientras publico la segunda parte de este artículo, puedes intentar localizar si tienes algún incompetente en tu empresa.

En la próxima ocasión te daré algunas ideas para solucionarlo y para evitar que vuelva a pasar.

 

Mientras tanto, si crees que la información que te estoy dando podría servir a más gente, échame una mano y compártelo en tus redes sociales.

Y también te animo a que me dejes un comentario y me digas qué piensas sobre este tema o me aportes tu visión.

 

Hasta la próxima

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